Por: Miguel Ángel Casillas Barajas
En los años 67s conocí a dos integrantes de la familia Bells, que en ese tiempo venían a Tepic con una pequeña carpa que se instalaba en el parque Juan Escutia, entre las calles hidalgo y zapata, por el lado de la Avenida Aquiles Serdán. En esa carpa venía un joven muchacho de los Bells. Renato, estaba a cargo principalmente de los juegos mecánicos pero también participaba en el circo como payaso, equilibrista, cobrador, icarista, yantipodista, vendedor de palomitas, boletero etc.
Nuestra amistad se inició un día como cualquiera, cuando Renato acudió a mi taller de electrónica a que le reparara algunos aparatos de sonido, ya que estos casi siempre se descomponían en los traslados que realizaba el circo de ciudad en ciudad. Principalmente los micrófonos, estos si que eran un grave problema ya que frecuentemente sufrían descomposturas como rotura de cables, caídas etc. de tal manera, que Renato requería de mis servicios constantemente y yo, casi me había convertido como el técnico de cabecera del circo. Y sin que hubiera un contrato de por medio, a diario al término de la última función tenía que presentarme con mis herramientas y toda la cosa para revisar todos los equipos. Si no había fallas, aprovechaba mi tiempo para revisar el cableado u otras cosas y como el taller estaba frente al parque ubicado estratégicamente a unos cuantos pasos del circo, solo caminaba unos metros y ya estaba en la puerta de acceso al circo.
Renato, era un joven muy inquieto, dicharachero, chaparrón, impetuoso y muy canilludo que cada vez que acudía a mi taller no perdía el tiempo, en el mismo trayecto ensayaba sus malabares. Recuerdo que siempre llegaba con las manos ocupadas jugando con naranjas o con pequeñas pelotas, o haciendo piruetas en el suelo, incluso había ocasiones en que se paraba de manos arriba de los cofres o capacetes de los carros. Bueno, el colmo era cuando trataba de hablar con él, le tenía que andar buscándole la cara porque o cuando no estaba parado de manos, estaba haciendo algunas otras suertes. Así de esa manera activa y divertida ensayaba en plena calle sus actos a la vista de todo el mundo y sin recato alguno. Recuerdo que el tenía una hermana llamada Lucero que es un poco menor que Renato y que en ese entonces era inseparable en todas sus actividades en el circo, pero además, era ella quien se hacia cargo de los dineros y del personal, pero también al igual que él , era una refulgente estrella del espectáculo circense que brillaba por las noches con su bellísimo y elegante atuendo, para hacer su acto escalofriante en el trapecio.
Así de esa manera casi accidental, inicié una corta pero fructífera relación de amistad con Renato y Lucero dos de los hermanos Bells, que procedían de una numerosa familia circense de abolengo.
En lo que respecta a Renato, él era una persona sencilla en su manera de ser y de hablar, y su filosofía sobre el espectáculo era muy clara y concisa, recuerdo que una vez me decía: Mira Miguel, el publico es el mejor juez de un artista, cuando traes un buen espectáculo, puedes cobrar lo que sea y el circo siempre estará lleno, pero si tu espectáculo es mediocre, aún regalando las entradas, ni los. %$&#% perros se acercaran a la carpa a orinarse esa era su manera fácil de percibir la vida y su visión sencilla puesta sobre el negocio del circo, en esas palabras estaba sintetizado todo como un extracto general, visto del punto de vista de un empresario que lucha con la pesada carga del espectáculo circense en sus espaldas.
Una mañana de esas, acudió a mi taller llevando en brazos un pesado aparato para que se lo revisara y a despedirse de mi, ya que esa noche sería la última función del circo en nuestra capital, y terminando el último acto procederían a desmantelar todo y partirían a otro estado circunvecino, después de fundirnos en un abrazo, me pidió un último favor, que le llevara el aparato ya reparado a las 7:30 de la noche puntualmente y que entrara por la puerta trasera de la carpa, ya que él estaría esperándome para ponerlo a funcionar; y así lo hice, lo reparé y esperé pacientemente la hora acordada y una vez que sonaron las siete y media de la noche, encamine mis pasos hacia el circo Bells, para cumplir con lo acordado con Renato, pero cual sería mi sorpresa, que al ingresar por la puerta trasera lo encontré parado esperándome disfrazado de payaso, y su hermana sin perder el tiempo, me anunció por micrófono ante el público como un espontaneo, que esa noche le serviría como Patiño a Renato. Esa fue una noche mágica, viví de cerca el ambiente del circo, riéndonos ambos con los divertidos sketch que el traía montados, él me iba diciendo paso a paso todo lo que tenía que contestar, ahí pude percatarme por experiencia propia , que tanto en el circo, como en el teatro, no hay posibilidad para el engaño, era cierto lo que decía Renato, a la gente que asiste al espectáculo difícilmente de le puede timar; ellos los artistas, están sujetos al dictamen del verdadero juez que es el público sabio y conocedor, y es quien sabe valorar el esfuerzo y capacidad del artista, o a diferenciar un espectáculo bueno de uno malo. Quizás a eso se deba el éxito de los Bells, que gracias a su calidad como gentes del espectáculo circense se han ganado a pulso el cariño del pueblo y un espacio en su corazón.
En fin, esa noche fui yo quien tuvo una verdadera fiesta de despedida, una de las más inolvidables de mi vida, en esta ocasión el inquieto Renato se había pasado de la raya, y hasta sin quererlo, él fue quien me impulsó a reafirmar mi verdadera vocación como caricaturista; que no es otra cosa que un comediante mas de los artistas consagrados a la comicidad puesta al servicio del pueblo, al igual como lo es el payaso en el circo, El caricaturista, también pone todo su ingenio para hacer que sus monos sean divertidos, y ya una vez convertidos en una sátira, calen en lo más profundo de sus lectores y de alguna manera provoque que se muevan todas sus vibras haciéndolos reír, y así, juntos disfrutemos de un pequeño rato de buen humor olvidándonos de todos los problemas cotidianos que nos aquejan.
No volví a saber mas de Renato, y aunque una vez regresó un circo en el que venía un payaso conocido como Renato el rey de los payasos no puedo confirmar si es el mismo Renato que yo conocí en ese tiempo, aunque tal vez si, su innegable vocación artística lo había llevado a escalar lo mas alto de la cumbre, y vaya, si que lo tiene bien merecido.