Por: Olegario Zamudio Quezada

Es irónica la vida de los treinta y tres mineros de Chile que están enterrados sobre toneladas y toneladas de cobre bajo tierra a seiscientos metros, me recuerdan al poeta cuando dice que Juan Comodoro, andaba perforando la tierra buscando agua y encontró petróleo, pero se murió de sed.

Así la vida de estas gentes, que se afanan, haciéndole trampa a la madre tierra, arrancándole las riquezas que le pertenecen, pero el entierro de estos mineros trajo algo más que maquinaria y tecnología, tenían que estar sepultados para tocar las cuerdas sensibles de la sociedad chilena y los hombres de buena fe del mundo.

Por un lado, ¿porque están presos los mineros?, eso se explica por la presencia de un derrumbe, ¿para qué están presos los mineros?, para desatar la solidaridad, la humanización de una sociedad, para destrabar la solidaridad internacional y entre otras cosas, para volver los ojos al Dios, esta es la diferencia entre el porqué y él para que de las cosas, ya que regularmente los porqués, te llevan a porquerías.

Parte de la familia Quezada a la que pertenezco, viven en Magdalena Jalisco, tierra de minas de ópalo, mi tío Pancho el Toro hermano de mi Madre, él como los demás trabajaron los mejores años de su vida en el Ferrocarril, pero ya jubilados le dio por ser mineros.

Las minas son lúgubres y húmedas, en el destello incluso del encendido de un cigarro, avisan en la pared la presencia de las piedras preciosas. Decía mi Tío Pancho el Toro, que para explotar una mina, esencialmente se ocupaban tres cosas, claro primero una mina, luego un minero y tercero, un pendejo con dinero.

Alguna ocasión, me interne en una de ellas, en Magdalena Jalisco y me pude dar cuenta en el silencio de la oquedad, que la capacidad de meditación es más amplia, pues las ondas de la mente, solo se transfieren con facilidad en el agua o en el aire, pero no bajo tierra.

Nada te interrumpe, ni la radio, ni el celular, ni el claxon de la gente, ni el ladrar de los perros, es más si traes un chip en el cuerpo, ni el satélite te detecta, en una mina estas contigo mismo, con el ruido de las pulsaciones de tu ritmo cardiaco y acaso más, con el ruido que hace tu pensamiento.

Entre piedras rojas y ópalos brillantes, imaginé que igual que Aladino, podría yo, encontrarme una lámpara maravillosa, a la cual le podría pedir tres deseos y se los pedí, primero que cuando me casara mi mujer no me engañara, segundo que si me engañaba que yo no me enterara y tercero que si me enteraba que no me importara.

En una mina, estas con todo lo que has podido ambicionar en la tierra, mediante la ley de la atracción, sepultado sobre riquezas materiales, pero igual que el Juan comodoro, se muere uno por la falta de agua, así pues en medio de la riqueza, te das cuenta de tu situación, como dijera la canción sin fortuna eres ruin vanidoso y de nada te sirve el dinero, te mueres lo mismo que el pobre y tu tumba es el mismo agujero.

Esos mineros de chile al recuperar su ansiada libertad, deberán de hacer un acto de constricción consigo mismo, con la sociedad y con el Dios, la vida nos da la oportunidad de reconsiderar y yo deseo que a esos que están sepultados en la mina, logren regresar al calor del hogar, con vida y con entereza de vivir en paz y en armonía con su entorno.