Durante años, el sarampión fue considerado una enfermedad del pasado. Gracias a las campañas de vacunación, muchos países lograron reducirlo casi por completo. Sin embargo, en los últimos años su reaparición ha encendido las alertas de las autoridades sanitarias, recordándonos que bajar la guardia en salud pública puede tener consecuencias graves.

El sarampión no es una enfermedad leve. Es altamente contagioso y puede causar complicaciones severas, especialmente en niñas y niños pequeños, personas con desnutrición, adultos mayores y personas con sistemas inmunológicos debilitados. A pesar de que existe una vacuna segura y eficaz, los brotes siguen ocurriendo, principalmente por la falta de esquemas completos de vacunación.
¿Qué es el sarampión y cómo se transmite?
El sarampión es una enfermedad viral que se transmite por el aire, a través de gotas que se liberan cuando una persona infectada tose, estornuda o incluso habla. El virus puede permanecer activo en el ambiente durante varias horas, lo que lo convierte en uno de los padecimientos más contagiosos que existen.
Los síntomas iniciales suelen confundirse con un resfriado común: fiebre alta, tos, escurrimiento nasal y ojos rojos. Posteriormente aparece el signo más característico: un sarpullido rojizo que comienza en la cara y se extiende por todo el cuerpo. En algunos casos, el sarampión puede derivar en neumonía, encefalitis, diarreas graves e incluso la muerte.
¿Por qué vuelve a ser un problema de salud pública?
La principal razón del resurgimiento del sarampión es la disminución en las coberturas de vacunación. Factores como la desinformación, el miedo infundado a las vacunas, el acceso limitado a servicios de salud y la interrupción de campañas preventivas han creado un escenario propicio para nuevos brotes.
Cuando una comunidad no alcanza una cobertura de vacunación superior al 95 %, se pierde la llamada inmunidad colectiva, lo que permite que el virus circule nuevamente y afecte incluso a personas que no pueden vacunarse por razones médicas.
La vacunación: la herramienta más efectiva
La vacuna triple viral (SRP), que protege contra sarampión, rubéola y paperas, es segura, gratuita y altamente eficaz. Aplicada en el esquema correcto, ofrece una protección cercana al 97 %.
Vacunar no es solo una decisión individual, sino un acto de responsabilidad social. Al mantenernos vacunados, protegemos a los sectores más vulnerables de la población y evitamos que la enfermedad se propague.
Es fundamental que madres, padres y cuidadores verifiquen las cartillas de vacunación y acudan a las unidades de salud para completar esquemas atrasados. En el caso de adultos que no recuerdan haber sido vacunados, también es posible recibir la dosis correspondiente.
¿Cómo atender y prevenir la propagación del sarampión?
Para evitar la propagación del sarampión, es necesario actuar desde varios frentes:
1. Vacunación oportuna y completa
La prevención comienza con cumplir los esquemas de vacunación establecidos. No hay sustituto más eficaz que la inmunización.
2. Detección temprana y aislamiento
Ante la presencia de fiebre alta y erupciones en la piel, se debe acudir de inmediato a un servicio de salud y evitar el contacto con otras personas. El aislamiento oportuno reduce significativamente los contagios.
3. Información clara y confiable
Combatir la desinformación es clave. Las autoridades de salud, los medios de comunicación y los profesionales sanitarios deben reforzar mensajes basados en evidencia científica.
4. Medidas de higiene
Aunque la vacunación es la principal protección, mantener hábitos como el lavado frecuente de manos, cubrirse al toser o estornudar y ventilar espacios cerrados ayuda a disminuir la transmisión.
5. Corresponsabilidad comunitaria
Escuelas, centros de trabajo y comunidades deben colaborar en la vigilancia de síntomas y en la promoción de la salud preventiva.
Un llamado a la conciencia colectiva
El sarampión es un claro ejemplo de cómo una enfermedad prevenible puede volver a convertirse en una amenaza cuando se descuida la prevención. No se trata de generar alarma, sino de actuar con responsabilidad, información y solidaridad.
Cuidar la salud pública es una tarea compartida. Vacunarse, informarse y atender oportunamente los síntomas no solo protege a quien lo hace, sino a toda la comunidad. El sarampión se puede evitar, pero solo si todos hacemos nuestra parte.