Mi abuela Luisa, la madre de Miapa, comento hace años, pero hace muchos años, que si había una comida muy exquisita, eran las ancas de rana y es que mi primo Félix Cruz El Tamarindo, El Chito Zamudio, el Cerro Pelón hijo de mi Tío Pantaleón, el Ángel de mi tía Santos y mi hermano Pancho, se las traían a mi abuelita, por que las casaban en los llanos del Rio Mololoa detrás de las vías, donde horita esta la colonia Tierra y Libertad.
Caminando por las vías a la altura de la Calle Guerrero, había unos corrales ordeñas de vacas y ya desde ese lugar, existían llanos que era un criadero y paridero de ranas verdes, de manera silvestre, la verdad declaro, que en mi vida he visto esas ranas verdes excepto una ocasión que vi una, cuando yo tendría siete u ocho años.
Pues ayer mi amigo Cipriano De la Paz, que es un amigo de excepción, me regaló unas ancas de rana y mi intención primera, fue que me las prepararan para comer, pues quería verificar que efectivamente las ancas tuvieran sabor de rana y no de pollo como afirma la mayoría de la gente
Mi abuela buena memoria, me contó una historia que es aleccionadora: Había una vez, una rana que era muy vanidosa y lo que más le agradaba, era sentirse elogiada y admirada por el resto del los animales, incluyendo al hombre.
Para eso la rana, todo el santo día, al salir a la calle, se vestía de diferentes atuendos, de un color y de otro, de un estilo y de otro, así en su vanidad, la rana podía escuchar muchos elogios para ella y claro está, eso le daba forma y vida a su existencia.
Pero un día, la rana se percato que lo que más le gustaba a los hombres y que con ojos de interés la miraban, eran sus piernas, sus verdes y exquisitas piernas, así que la ranita, decidió entrar a un gimnasio para recibir entrenamiento de zancadillas, para engordar y hacer más vistosas sus muslos ante la vista de los demás y el regocijo de su vanidad.
Llego a tanto la vanidad y su necesidad de ser apreciada y querida como único ejemplar, que decidió dar a los hombres sus musculosas ancas, para que estos las comieran, las saborearan, así pues llena de convicción, pudo ver la alegría del hombre al comerlas, mas la tristeza y el abatimiento la embargaron, cuando lo escucho decir, que, qué buena rana, que hasta sabia a pollo.
Mi Abuela era una mujer de una gran cultura y siempre nos encamino por el camino del bien, también había un fuete para caballos que mi Abuelo Cruz tenía a bien llamarle, La Santa Rita, una santa, que tenía una oración que mi abuela rezaba y que decía: Santa de lo Imposible. Oh Santa Patrona de los necesitados, Santa Rita, cuyas plegarias ante el Divino Señor son casi irresistibles, quien por la generosidad en otorgar favores has sido llamada Mediadora de los sin esperanza e incluso de lo Imposible.
Es que mis primos en su adolescencia, eran difíciles y de armas tomar y cuando se pasaban de tueste, mi abuelo los hincaba en el suelo y nomas tres fuetazos les daba y si te parabas antes, la cuenta para tres iniciaba de nuevo.
Mis primos, llegaban de los llanos, con una sarta de ranas, enlodados y apestosos con sanguijuelas entre la ropa, y mi abuela los consentía bastante, ante la mirada pasiva de mi abuelo Cruz, que los traía a raya marcando el paso, pero con la abuela se topaba y ellos mis primos lo sabían.
Ahora ya están viejos y creo que algunos ni dientes tienen, así es que bien les caería una sarta de ranas para comer con el recuerdo de la abuela y por qué no, también con el recuerdo del Fuete para caballos llamado la Santa Rita.
Debo confesar que desayune como ocho ancas de rana con frijoles refritos y en silencio los que me acompañaban en la mesa me miraban, y después al terminarlas de comer les dije, que yo nunca había comido ancas de rana, que solamente recordaba a la abuela Luisa haciéndolo, pero que hoy que las comí, pude confirmar que las ancas de rana, si saben a rana y no a pollo como dice la mayoría de la gente