ÓSCAR VERDÍN CAMACHO .-
La primera ocasión que Óscar Franco intentó saltar a un tren en movimiento, no atendió la advertencia que le hacían otros muchachos. Se encontraba en San Luis Potosí y tenía como destino la frontera con Estados Unidos, país al que posteriormente cruzaría, según había trazado su plan.
Llovía ese mediodía del 21 de mayo del 2005. Óscar contaba con 16 años, cumplidos dos meses antes.
Sin experiencia para saltar a un tren –el viaje de Guatemala a la ciudad de México lo hizo en autobús, e igual a San Luis Potosí-, corrió unos metros junto a éste y se sujetó de unos barrotes; sus manos, sin embargo, resbalaron por lo mojado del metal
Cayó sobre la vía, a merced del tren.
No se siente dolorse siente la sangre caliente. El dolor empieza cuando ha pasado todo.
Arrancados casi por completo el brazo y la pierna izquierda, los acompañantes de Óscar amarraron con alambre las heridas para evitar que perdiera más sangre. Más tarde, en una ambulancia fue llevado a un hospital. Ahí permaneció 23 días.
Pero apenas recuperado, continuó su marcha hasta Nogales, Sonora, aunque luego dio media vuelta y se instaló seis meses en un albergue para indocumentados, en Chiapas. Le consiguieron una prótesis para la pierna, aunque después no la usó porque, dado que continuaba creciendo, ya no le ajustó y le causaba molestia.
Óscar Franco viajó a su natal Guatemala, pero al cabo de año y medio regresó a México. Y se quedó en Tepic.
La mayoría de los días, por la mañana, se sienta en un banco que le prestan en una lonchería del centro de Tepic. No pide limosna pero su presencia llama la atención. No extiende la mano. No tiene un botecito a su lado para las monedas.
Mientras este reportero platica con él, una señora de algunos 70 años le extiende una moneda de 10 pesos. Con voz cálida, para evitar herirlo, la mujer primeramente le pregunta si acepta el obsequio.
Le apena, dice Óscar, pedir dinero. Por el contrario, quiere trabajar. Podría lavar platos, hacer tareas de limpieza, explica. Quiere seguir estudiando, pues sólo cuenta con la primaria. Pero también necesita una prótesis, dice.
Óscar Franco cuenta su cruda historia pero pide no ser fotografiado, por una razón: sabe de su estancia ilegal en el país, aunque agradece no ser molestado por las autoridades de migración.
Del por qué quedarse en Tepic, Óscar responde: he estado en muchos lugares y me he dado cuenta que aquí la gente es buena, no se mete en problemas, me tratan bien.