José María Castañeda .-

Santiago.- La bonanza económica que presumiblemente iban a tener los productores de fríjol al vender el producto de su cosecha del ciclo agrícola otoño – invierno, no fue sino un espejismo ya que la enorme alfombra verde que formaban las cientos de hectáreas del alimento básico, sencillamente no cargaron, es decir las matas no producieron vainas de ejotes sino que todo quedó en follaje salvo sus muy honrosas excepciones.

Ayer en una labor de investigación periodística nos dimos a la tarea de visitar sembradíos de fríjol, en la pequeña propiedad esto aquí en Santiago, en el predio la Noria de los hermanos Vallarta Chan, en el ejido de Gavilán Grande con don Refugio Hernández Mata, en Ojos de Agua en la parcela de Eduardo Arambul, en el Novillero en las tierras del alcalde Sergio González García, en el mismo Novillero en el predio de Vicente Hernández, y en todos ellos vimos que las matas de fríjol tenían entre 9. 11, 17, 24, y 46 vainas de ejote.

Por lo que sin ser un experto en contabilidad podemos asegurar que donde contabilizamos 24 ejotes por mata que fue en las tierras del presidente municipal este sacará con mucho esfuerzo los gastos de inversión, y donde contamos 46 vainas por mata que fue en las tierras de Vicente Hernández, de Novillero, y de Eduardo Arambul, de Ojos de Agua, estos obtendrán ganancias ya que las tierras producirán más de 2 toneladas por hectárea, mientras que el resto de los agricultores productores de fríjol habrán de lamentar el ciclo atípico otoño invierno.

En 1990 lo recuerdo como si fuera ayer nos encontrábamos Héctor Gandara, y este escribano, en la cantina la Cueva del Lobo que se ubicaba por la avenida Amado Nervo, causaban furor entre la población masculina las llamadas Patas de Mula del Gapo Agustín Rodríguez Cano, quienes no eran otras que cinco guapas meseras, entre las que figuran Amalia, Mary, Teresa, y Lety, que por su color de piel moreno se habían ganado merecidamente el apodo de las Patas de Mula y mantenían lleno de clientes el lugar pues bien la anécdota es que hace 20 años tanto Héctor como yo trabajábamos para la transnacional Tabacos Mexicanos S.A. y al ver que comenzaba a llover de inmediato hicimos cuentas alegres en el sentido de que estaba lloviendo dinero, para los campesinos y para nosotros que habíamos anotado algunos riegos en las listas de raya, sin embargo el gozo se fue al pozo ya que efectivamente llovió durante 22 días seguidos y es que el Niño ese fenómeno natural se estaba dejando sentir y las lluvias inundaron los campos de cultivo, perdiéndose el 85 por ciento de las cosechas de fríjol, tabaco y hortalizas.

Eso mismo sucedió en días pasados cuando vimos que comenzaba a llover de inmediato sobraron las expresiones en el sentido que estaba lloviendo dinero lo malo del caso es que llovió tanto que los sembradíos debido al exceso de humedad en el suelo se concretaron a crecer formando la hermosísima alfombra verde que ahora vemos pero que la realidad nos situó en la justa dimensión el fríjol no cargo y la mendingues como

jinete del apocalíptico en breve se dejara sentir salvo repito sus honrosas excepciones donde el agua de lluvia tuvo la suficiente filtración.