Funcionarios del gobierno fueron advertidos, antes de la muerte de José Santos Mendoza y la agresión contra la señora Guadalupe Barajas, del nivel de agresión al que había llegado Estanislao Montes, ahora prófugo.
ÓSCAR VERDÍN CAMACHO.-
Días antes de que el pasado 19 de septiembre Estanislao Montes Silva matara a su yerno José Santos Mendoza Talamantes e hiriera gravemente a su esposa Guadalupe Barajas Hernández, la subprocuradora General de Justicia Norma Santoyo Chánez fue advertida de lo que pasaría si no se tomaban medidas urgentes para proteger a la señora Guadalupe Barajas:
“¡La va a matar. Lo que sigue es que la va a matar!”, fue advertida Norma Santoyo por una especialista que había dado seguimiento al alto grado de violencia desatado por Estanislao en contra de su esposa.
Ahora prófugo de la justicia, Estanislao había dejado pruebas de lo que vendría: hace escasos tres meses ya había intentado, en San Blas, el asesinato de su esposa, e incluso fue detenido pero recuperó la libertad.
El acoso no cedió. El individuo, de 66 años de edad, se afirma que padece un cuadro de esquizofrenia que lo llevó, por ejemplo, a celar a su esposa con todos los hombres que cruzaban palabra con ella, incluido su yerno y vecinos.
A su hija Janitzia Montes Barajas y a su yerno José Santos Mendoza les advirtió: les pegaría donde más les doliera, es decir, en la hija de ambos, también llamada Janitzia, de siete años.
Tras los hechos ocurridos en San Blas -donde Estanislao primeramente intentó prenderle fuego a su esposa y luego le dijo que mejor la ahogaría en el mar, pero Guadalupe logró, a través de empleados de un restaurante, dar aviso a la policía-, se pidió al sujeto que se alejara de su mujer, sin embargo desacató la indicación. Por celular le enviaba mensajes agresivos, con contenidos obscenos.
En una ocasión Estanislao fue encontrado por su familia, oculto dentro de bolsas de plástico, preparando el ataque.
El desgaste emocional para Guadalupe Barajas, su hija, yerno y nieta era tal que en las últimas semanas optaron por refugiarse con la familia de José Santos, principalmente en las noches. Y es que ya no podían dormir ante el temor de que Estanislao se presentara a matarlos.
Y todo eso lo sabían las instancias del gobierno.
FALLA APARATO DE JUSTICIA
Urgía, por lo tanto, que se destinaran policías a la seguridad personal de Guadalupe Barajas para que Estanislao se alejara de ella. Pocos advirtieron el peligro real que corría la mujer, que para entonces había ingresado a un programa de atención a víctimas de violencia extrema.
Su vida no era vida: durante muchos años había padecido golpizas. Infinidad de ocasiones Estanislao la dejó encerrada en su casa para que no saliera. La celaba con todos: con vecinos adultos y jóvenes, con familiares, y últimamente con policías.
Pero a pesar del aparato que presume el Gobierno del Estado para proteger la violencia familiar, por ejemplo con un Centro de Justicia Familiar, o con una Subprocuraduría General de Justicia a la que se destinan asuntos exclusivamente relacionados con casos de delitos cometidos en la familia o niñez, no pudieron tomar medidas urgentes para proteger la integridad de la señora Guadalupe Barajas y de su familia, a pesar, como ya se indicó líneas arriba, que una especialista advirtió a la subprocuradora Norma Chánez –quien fue cesada hace dos semanas- lo que ocurriría: “lo que sigue es que la va a matar”.
En vano fue que a Chánez se le explicara el círculo en que se mueve un agresor dentro de la familia. Es una agresión que no termina, a menos que el sujeto sea detenido, se le insistió.
Chánez, se conoce ahora, justificó que no podría hacer mucho porque Estanislao era asesorado por un abogado con mucha influencia, y únicamente pidió a Guadalupe que iniciara los trámites de divorcio.
En los relatos recogidos por este reportero, unos entre la familia del ahora occiso y otros de empleados gubernamentales que pidieron no ser identificados, se encuentran el que Guadalupe Barajas y sus vecinos de la colonia Ojo de Agua también se entrevistaron con el procurador General de Justicia Héctor Manuel Béjar, o que en una ocasión fue varias veces al Centro de Justicia Familiar porque se negaban a recibirle una denuncia.
ESA MAÑANA
Así, en un hecho que se parece a la novela de Gabriel García Márquez, Crónica de una Muerte Anunciada –en la que todos saben el asesinato que ocurrirá pero nadie hace nada-, el sábado 19 de septiembre por la mañana, Estanislao Montes Silva primeramente buscó a su hija Janitzia en su trabajo de una farmacia, pero no la contactó porque cuando se presentó ella se encontraba en el baño. Hoy la interrogante que existe es si también pretendía darle muerte.
A bordo de un taxi en que laboraba como conductor, Estanislao se dirigió entonces a la alberca Aquakids, ubicada en la calle Agustín Melgar casi esquina con Zapopan, en la colonia Chapultepec. Sabía que su nieta recibía cursos de natación. Ahí sorprendió a su yerno José Santos Mendoza, matándolo a balazos mientras descansaba dentro de una camioneta Nissan color rojo, afuera del negocio. No le dio tiempo de defenderse.
Y a su esposa Guadalupe Barajas la atacó en un pequeño espacio donde los familiares de los niños esperan que termine la hora de nadar. Además de balazos, la atacó con un cuchillo. Internada en un hospital, su estado de salud es grave. La niña aparentemente se salvó porque su profesor de natación le ocultó, aunque sus abuelos paternos dicen que a Estanislao se le terminaron las balas.
Un familiar de José Santos pidió a este reportero dejar en claro que éste y su suegra no tenían relación íntima alguna, sino que todo era un invento de Estanislao. El papá de José Santos, de igual nombre, añadió que en el taxi que abandonó el homicida dejó un escrito en el que justifica la acción y hasta pide ayuda al gobierno. En muchas ocasiones dijo que su familia le quería quitar la casa.
SIGUE LA NEGLIGENCIA
Pero si la negligencia de las autoridades de seguridad quedó evidenciada con el atentado ocurrido el 19 de septiembre, la misma no terminó ahí: y es que tuvo que morir José Santos y estar gravemente herida la señora Guadalupe Barajas para que, finalmente, se le asignara seguridad policiaca a la ofendida, en un hospital.
Los policías, por cierto, fueron comisionados hasta la familia de la víctima lo solicitó, no porque las instancias oficiales lo hayan previsto.
Por si lo anterior fuera poco, nuevamente quedó evidenciado el aparato que procura justicia a las víctimas de un delito, y en especial en el entorno familiar, puesto que Janitzia y su pequeña hija no cuentan con seguridad policiaca, según constató este reportero, a pesar de que serían el siguiente blanco de Estanislao. Tampoco la familia de José Santos Mendoza.
Es más, ni siquiera se les está ofreciendo tratamiento psicológico. La niña, relata su abuela paterna, casi no habla desde el día que murió su papá.
La familia del ahora occiso urgió a las autoridades para que el homicida sea detenido y se les de seguridad policiaca, puesto que temen que éste busque atacar a su hija y a su nieta.
Especialistas consultados retrataron la impotencia por el desenlace que tuvo este asunto: “es algo terrible saber que todo esto se pudo haber evitado y que no se hizo nada. Se lo habíamos dicho a la subprocuradora: la va a matar, lo que sigue es que la va a matar”…
Y si, el atentado ocurrió.