Por: Juan Fregoso

Cada gobernante al asumir el cargo imprime su sello personal, su estilo de gobernar, esto se ha demostrado a lo largo de la historia que nos muestra que sus acciones, su manera de hablar, de obrar, incluso hasta su manera vestir, no es igual a la de sus antecesores, de quienes al parecer buscan diferenciarse y ser ellos mismo, como si quisiera marcar una frontera entre el pasado y el presente, como queriendo transmitirle al pueblo la idea de que bajo su gobierno las cosas serán diferentes, quizá mejores.

Sin remontarnos muy lejos podemos apreciar que ya desde su campaña, el candidato imprime a su persona un estilo, una forma peculiar de dirigirse al pueblo, su vestimenta a veces suele ser llamativa y en otras ocasiones sencilla. Su lenguaje es coloquial, pero algunos emplean palabras vulgares—en el sentido de vulgo, el lenguaje que utiliza la gente—para hacerse entender y llegar a penetrar en el ánimo del electorado, pero otros son un poco más rebuscados en sus discursos, quizá para parecer un hombre letrado, y en consecuencia, preparado para dirigir los destinos de un estado o municipio.

Las campañas, sin duda, sirven para sondear la personalidad del candidato. Muchos de sus rasgos personales nos sugieren qué clase de persona es el candidato, o al menos, lo que aparenta ser. Recuerdo, por ejemplo, que el denostado ex gobernador, Ney González Sánchez, se caracterizó por usar camisa roja y por las caricaturas: una especie de monigote con el pulgar derecho apuntando hacia el frente, acompañado de una frase pintoresca: ¡Nos veremos!, que todavía resuena entre sus seguidores.

El Ney, aparte de esta expresión, se distinguió en su campaña por un lenguaje populachero y por su habilidad para brincar del templete una vez concluido el acto. Una vez, recuerdo, esperaba que descendiera de la tarima para entrevistarlo, pero el ex gobernador, cual felino, saltó del entarimado y se perdió entre el gentío. Algunos otros periodistas preguntaban para dónde ganó el candidato, y es que el Ney caminaba tan rápido saludando a la gente que era difícil alcanzarlo. En esa ocasión que se nos perdió, finalmente lo encontramos cómodamente sentado conversando con el párroco de esta ciudad de Acaponeta.

Otra de sus frases preferidas era hacer mención que él era político desde que estaba en el vientre de su madre y que desde entonces ya escuchaba hablar a su padre—Don Emilio M. González—de política y que por ello la traía en la sangre y para demostrarlo en sus actos de campaña exhibía una gigantesca foto en la cual aparecía con Don Emilio, tomándolo de un brazo, aún cuando era pequeño. Todo esto, indudablemente, influyó en el sentir de la gente, la que finalmente lo llevó a la gubernatura.

Ya como gobernador se dio a la tarea de visitar los municipios abiertamente. Comenzó una serie de acciones a favor de los nayaritas, hasta el final de su mandato, por lo que decir que el ahora ex gobernador no hizo más que robar al pueblo, sin reconocerle sus méritos, que los tuvo, sería una injusticia, pues con todo y lo que se ha pregonado—cierto o falso—Ney González fue un gobernador humanitario que ayudó a millones de nayaritas.

Sin embargo, sólo vemos el reverso de la medalla y no el anverso, es decir, sólo vemos lo negativo y no lo positivo de su gobierno, lo que en mi opinión en es un enjuiciamiento parcial, y conste que el columnista no pertenece a ningún partido político, como se puede advertir en todo lo que escribo particularmente en El IV Poder, en donde lo mismo critico a priístas, perredistas y panistas principalmente, cuando considero que están actuando mal en el ejercicio del poder.

Por tanto, esta no es una apología neycista, lo que solamente trato es de destacar el estilo de gobernar de quienes han llevado las riendas del estado, en consecuencia, si como tanto se ha dicho que el ex gobernador se robó varios millones de pesos, dejando en la bancarrota a Nayarit, que se les juzgue conforme a derecho.