Sin importar su localización, los asentamientos humanos representan un criadero potencial para el mosco transmisor del dengue y, al mismo tiempo, una fuente de alimentación para este insecto, cuyo comportamiento, muestra una gran adaptación a los hábitos domésticos; informó el director de la clínica del ISSSTE en Acaponeta, Noé Gerardo Zamudio Muñoz.

A pesar de que el mosco es originario de los trópicos, el calentamiento global ha permitido su desarrollo en zonas urbanas, es decir, puede habitar en regiones con aguas estancadas como los pantanos, o bien, en cualquier recipiente por pequeño que éste sea, desde una corcholata hasta una cisterna.
Las hembras del aedes aegipty acostumbran depositar sus huevecillos en estanques que contengan agua corriente o de lluvia y que, generalmente, se encuentren en la sombra. Su reproducción aumenta las posibilidades del contagio de dengue clásico o hemorrágico, siendo ésta última, la clase más peligrosa de la enfermedad, debido a que puede ocasionar la muerte si no se trata de manera adecuada.

El funcionario destacó que el mosco trasmisor del dengue no vuela a más de 100 metros de su lugar de nacimiento, es decir, esto significa que el contagio se da por un mosco criado por el o los posibles afectados. Lo más importante es que la solución se encuentra en nuestras manos con la descacharrización.

Por tal motivo, Zamudio Muñoz recomendó mantener siempre limpios patios y jardines, voltear boca abajo aquellos recipientes donde posiblemente pudiera anidarse el mosco, además de vigilar y mantener cubiertos aquellos que requieran contener agua, sin olvidar, aplicar cloro o abate para evitar la reproducción de larvas.