Por Miguel Ángel Casillas Barajas
“Don Juve,” como le decíamos en el barrio era un señor ya maduro bien parecido, alto y delgado y que sabía vestir muy bien, siempre con porte elegante y distinguido.
En el barrio en donde yo vivía, se había ganado de cierta manera el respeto y la admiración de los vecinos, él tenía un buen trabajo en la CFE que por lo menos le daba la posibilidad económica de vivir bien.
En su matrimonio Don Juve, había tenido seis hijos, cuatro mujeres y dos varones y cada domingo salía a pasear a eso de las cuatro de la tarde del brazo de su esposa y en compañía de sus dos bellas hijas menores, (las dos más grandes ya se habían casado).
Era curioso, pero en ocasiones pasaban partiendo plaza por media calle en la mera hora en que disputábamos un aguerrido partido de FUT-BOL callejero y que obligadamente teníamos que suspender para dar paso a Don Juventino y familia, ( dios me libre si les dábamos un pelotazo yendo tan elegantes todos)siempre a la misma hora cada domingo acompañado de su esposa Engracia y de sus dos preciosas hijas vestidas elegantemente saliendo a pasear hacia el centro de la ciudad o al cine; Sus hijas, cuyas edades fluctuaban entre los 15 y 16 años respectivamente, estrenaban cada domingo los mas vistosos ajuares que había en las tiendas de ropa de las “boutique” del mercado Juan Escutia y Don Juve, vaciaba casi, casi la Tienda del Chato Naya para andar siempre a la moda y sus zapatos choclos de estilo italiano de la mas prestigiada zapatería de aquellas épocas la: “Zapatería Bernal”
Y no es mofa, -amigo lector-eran las tiendas de ropa de mayor prestigio que en ese tiempo teníamos a la mano en el Tepic de hace 30 o 40 años, y vaya que vendían buena ropa y a bajos precios.
Pues bien, esos paseos dominicales tan bellos para don Juve y familia un día se vieron drásticamente interrumpidos con el fallecimiento de Doña Engracia, que murió de manera repentina por causas desconocidas (por lo menos para este servidor) Don Juventino, había recibido un golpe severo del destino que le haría cambiar de manera radical su sistema metodista de ver la vida, poco después se jubiló y luego se enrolo con otra mujer, y sus bellas hijas, empezaron a sentir que ya las cosas económicamente no marchaban igual, de cuando Doña Engracia vivía, ya que ella, las colmaba de todos los caprichos y bienes posibles y además no las dejaba realizar ninguna labor en el hogar por simple que fuera, que les fuera a dañar sus hermosas manitas, casi , casi eran un par de “maniquíes decorativos” en vida estando doña Engracia.
Al paso de pocos meses, Don Juve, jamás se pudo recuperar anímicamente de la falta de Doña Engracia y empezó a descuidar su porte distinguido y elegante que siempre le había caracterizado, se dejo crecer la barba y el pelo, su ropa se veía sucia y su aspecto era de un tipo descuidado y de salud desmejorada, su casa también, era un completo desorden, de ser una de las casas que cada tres meses se pintaba y se remodelaba, pasó a ser una casa que daba el aspecto de abandono total, no se hacia el aseo, había moho en las paredes, el pasto sin cortarse, la pintura descuidada etc..etc...
Pero lo más importante de todo: sus hijas, habían quedado prácticamente en el abandono también. Sin el apoyo de su mamá ni de don Juve (que estaba prácticamente ido de este mundo), también resintieron el golpe y no supieron sobreponerse a la falta de la madre que en vida les dio todo y las había hecho dos niñas caprichosas, inútiles, atenidas e impreparadas para enfrentarse a la vida por si solas, sin el apoyo de los bienes que les proporcionaban sus padres , no supieron enfrentarse a las paradojas de la vida y desperadas casi, casi se fugaron con los primeros postores que por su casa pasaron; Una de ellas, la mayorcita se fue con un peón de albañil que trabajaba en una casa contigua a la suya y la otra niña fugose también con un cobrador; hoy en día, sé que viven en condiciones de verdad precarias y lamentables que no tiene caso comentar, por respeto.
Sin embargo, la lección que nos deja esta historia de vida, es que debemos educar a nuestros hijos de manera ordenada, primero inculcándoles el gran amor a dios y el respeto a sus mayores y siempre recordarles que tenerlos bien, no significa estar obsequiándoles todo a manos llenas, ni a cumplirles sus caprichos, sino que aprendan primero a ganarse de alguna manera el pan con el sudor de su frente, que luchen por sus proyectos, y que valoren las cosas que reciben como siguiendo la frase que decía mi abuelo: “ que les sude el lomo a los ca.…motes para lograr lo que quieren o desean”, es duro para nosotros los padres ponerles ese tipo de pruebas a nuestros seres mas amados, pero es muy necesario para ayudarlos a sobrevivir en un mundo capcioso y lleno de laberintos y encrucijadas y en el caso de las mujercitas: la madre, que por idiosincrasia es “sobre protectora” con ellas.
Debe protegerlas, esta bien, de todos los peligros que las acechan , pero también debe capacitarlas permanentemente para ayudarlas a enfrentarse a los retos con dignidad cuando las tribulaciones que les presenta la vida, sean adversos e irremediablemente las enfrente a situaciones extremas, en ese momento deben sacar el carácter y las enseñanzas que les lego mamá, para sobreponerse a toda adversidad, ellas, las bellas mujercitas, siempre deben contar con las herramientas necesarias a la mano tal si fuera un manual de procedimientos, para salir avantes en cada caso, mostrando serenidad y aplomo, y que no las tome nada por sorpresa, como sucedió en el caso de la niñas de esta familia de la historia.
De no cumplir nosotros los padres con este precepto casi sagrado, estaríamos fallando en la educación elemental necesaria que debemos inculcarles y transmitirles a nuestros hijos, como lo hicieron en su momento, nuestros abuelos y nuestros padres, el no hacerlo, simplemente sería, como dejar que a una hoja de árbol….. Se la lleve el viento.
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