José Guadalupe Rocha Esparza

Julio 11, Día del Minero, actividad peligrosa,siempre riesgosa, sujeta a gases inflamables, planchones, ventilación insuficiente, caídas de roca, explosivos, sudando la gota gorda, pasando la pena negra en medio de sustos, sinsabores, sufrimientos, oscuridad, espera, sabor a polvo en la garganta, lágrimas, silicosis, picos, barrenos, vagonetas, incertidumbre.

México es minero por nacimiento, de tantos minerales que le han dado al país gloria en el mundo, pueblos entrañables llenos de historia y leyenda donde las venas de plata fluyeron por chimeneas y piques en San José del Parral, Guanajuato, Real de Catorce, Mapimí, Topia, Zacatecas, Taxco, Pachuca, entonando alegre Santa Bárbara Bendita.

Lamentable que sólo nos acordemos de ellos cuando ocurren tragedias como las de Barroterán (1969) y Sabinas (2006), pueblos de viudas. En Copiapó, Chile, el gobierno y las empresas se unieron para rescatar vivos a los mineros. En Pasta de Conchos, México, se unieron para enterrar en un socavón a 65 mineros que hoy no podrán celebrar su día.