Claudia Isela Hernández
En esta vida por la que Dios me dejó estar mientras tenga existencia, he tenido privilegios que solo por la gracia divina se pudieron haber hecho realidad, como el haber tenido los padres que aun tengo en vida pues gracias a ellos debo la mía; el haber nacido en un lugar maravilloso, como lo es mi divino puerto de San Blas Nayarit, el tener unos hijos a los que debo mi fortaleza y dedicación constante, pero sobre todo tengo el privilegio de que Dios me haya permitido haber nacido mujer.
Esta palabra encierra tanto que no cabe en ella lo importante que somos como mujeres, la palabra de por si es corta pero tan significativa que debemos detener largamente el pensamiento de valorar cada vida femenina.
Somos tenaces, fuertes, capaces, hiperactivas, constantes, inteligentes, guerreras, soñadoras, trabajadoras, amigas, compañeras, esposas, novias y muchas tantas cosas más, pero sobre todo tenemos ese sentimiento femenino único que da nuestro sexto sentido, ese que nos hace diferentes a los caballeros.
No se puede definir el amor de una madre, simplemente porque una madre es mujer y eso es todo que decir, no quiero verme feminista, pero se debe enfatizar constantemente en los valores de nosotras las mujeres, pues desafortunadamente para muchos hombres estos valores son vulnerables y no importan tanto o simplemente ni siquiera les incumben.
Somos seres humanos más sensibles es verdad, pero también más fuertes en mucho, muchísimo más.
Un día más de festejar a las mujeres, un día que tiene que ser diario en cada vida femenil, homenajear siempre con esmero, atención, cariño, y tanto más, pero sobre todo con respeto hacia cada una de las féminas que habitamos este mundo donde quiera que estemos y como sea que nos haya tocado vivir.