Por: José Ma. Narváez Ramírez.
No cabe duda de que los chóferes de los taxis son los más agudos observadores de la problemática ciudadana, aunque se les tache de un tanto cuanto mitoteros o cuenteros, porque dicen que le agregan el IVA a los comentarios que hacen al usuario en turno.
Y eso que ahora son más de siete mil vehículos de alquiler (más unos 300 chapulines) rodando por esas calles atiborradas de carros, especialmente por las avenidas principales de los más importantes municipios de nuestro estado, contando los de aquí y los que solamente van de paso, así como los que circulan en calidad de turistas y los de placas extrajeras que llegaron para quedarse.
Pero aunque el oficio de taxista ya no es aquel negocio que en tiempo de nuestros abuelos daba para pistear, tener dos o tres queridas en cartera, tres o más hijos estudiando en la UAN y escoger al cliente para llevarlo por donde mejor les convenía, ahora le ladran la gorda a la chamba y agarran parejo a los usuarios, aunque les resulten más alegadores que blanditos para pagar los servicios que no están marcados en el mapa del chófer y se exceden en varias cuadras, queriendo pagar los mismos 25 pesos que cuestan las dejadas normales.
Aparte de esta seria anomalía con la que se enfrentan los taxistas diariamente, existen otras tan graves como las señaladas, como son la santa paciencia que se ocupa para resistir las aglomeraciones de carros, los bocinazos de gente impaciente que quisiera que sus unidades volaran para pasar por arriba al que le precede; igualmente sobrellevar a las damas y a los intransigentes conductores que utilizan los teléfonos celulares a la hora de manejar sus carros, infracción de Tránsito que todos se la pasan por el arco de triunfo. Y la más canija: Con-secuentar a los camiones urbanos y combis de acompañamiento, que protege el diputado Saldate y a los que las autoridades de Tránsito protege y cuida como si fueran $u$ hijo$... Por algo los agentes tratan a los taxistas como enemigos
Otra dosis muy grande de paciencia se necesita para aguantar los semáforos controlados o sincronizados igualmente por Tránsito, así como también a los patrulleros de los que andan como delincuentes, con las caras tapadas, conductores de ambulancias, motos manejadas por policías y los camiones del Ejército que gustan igualmente por transitar por las avenidas principales, entorpeciendo aún más el trafico vehicular. Y eso que hemos soslayado a los vehículos en los que padres de familia utilizan para transportar a sus hijos en las horas llamadas pico.
A todo esto, hay que sumar los peligrosos actos criminales que cometen los sicarios al encontrarse con grupos antagónicos dentro del perímetro citadino, que según ellos deben de ser eliminados, aunque se lleven entre los plomazos a gente inocente. Y no falta uno que otro taxista que por andar haciéndole al puchador (por razones de subsistencia) también se lo cargan los ametralladoristas de la familia más prolífica de todas: la narcada.
Pero lo inexplicable de todo este asunto es que antes de la era de los sicarios, los taxistas mantenían una estrecha y eficaz comunicación entre ellos y era aprovechada por el cuerpo policíaco para atrapar delincuentes, pero de repente los policuicos suspendieron las relaciones amistosas con los taxistas y les prohibieron hacer uso de la radio para efectos de información delictiva.
Dicen algunos de los taxistas que si ellos siguieran informando, ya habrían caído varios narcos a la cárcel o hubieran sido atrapados para su investigación, (en especial de parte del Ejército o de la Armada, que son los que en verdad rifan) pero incomprensiblemente fueron sacados de la jugada por los policuicos ¿Sería por algo relacionado con un complot o un acto de corrupción sostenida? Algo debe de haber
Si los ex funcionarios (de la pelea pasada, -tiempos Neycistas-) se pasean muy orondos y lirondos burlándose de la OFS, ¿por qué no se la van a pasar cachetona los policuicos?
Control Señores Control Ahora los policuicos se dedican a recoger rápidamente las mantas anunciando la muerte de uno de los jefes más encumbrados, pero siguen haciendo su alharaca por las calles principales, sonando sus sirenas a todo volumen Sólo que son como aquellos (uleros) que son mexicanos al grito de guerra, pero al sonoro rugir del cañón (o sea a la hora de un enfrentamiento con las huestes de los sicarios), ¡pelan gallo!
Así andamos.
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