Por: José Ma. Narváez Ramírez.

El Prof. Antonio Gallardo Villela (Guarino), nos pidió una copia del poema de don Eduardo Cataño Wihelmy, titulado A Santiago Ixcuintla, luego nos encontramos al Chepe Martínez, viejo amigo de Yago, Nayarit, ayer en la oficinas de la jefa de prensa del Gobierno del Estado y durante la espera, estuvimos recordando los versos de este viejo trabajo que tanto gustó a los panzas verdes.

Ambos coincidieron en preguntar si este poema había resultado alguna vez ganador de los Juegos Florales, porque fue grabado a la entrada del Casino de la Feria, allá en Santiago; les contesté que no y les narré la historia de esa poesía que apareció en el archivero de mi señor padre en una ocasión en que lo limpiaba y desechaba de papeles que ya no tenían por qué seguir guardándose. Yo creo que no lo había leído porque al hacerlo, de inmediato nos dio la orden de pararlo a mano y de imprimirlo.

Luego se publicó en el Diario de Nayarit, que era el primer órgano de difusión que se editó en aquella ciudad y que se hacía diariamente, ordenándonos aparte que lo imprimiéramos en una sola hoja tamaño doble carta en papel cartulina, para mandarlo a los suscriptores foráneos y archivarlo. (De esto hace más de 50 años).

Se dice que el poema fue publicado en un periódico de la ciudad de México y que de ahí lo copiaron acá en el estado. Cada quien puede sacar la versión que le plazca, pero la que yo sé es ésta.

De cualquier manera, ahí les va la poesía, a la que el pueblo santiagoixcuintlense bautizó como Santiagueño Mariachero:


A Santiago Ixcuintla

Por: Eduardo Cataño Wihelmy.*


Santiagueño mariachero

Nací a la orilla del río.

No recordara Santiago

Sin la creciente del río.


¡Qué pretal tiene Santiago!

¡Qué chavindas lleva el río!

Lleva tumbos de caimanes

Hipo de barro y de limo,

Pasa borracho de rayos

Gritando su desatino,

Rascando el lomo de cieno

Con luceros de camino.


Alegre pueblo Santiago

Cuando no se enoja el río,

Y atropellando las lomas

Escupe toros podridos,

O raya por El Rebaje

Su alazán en desafío.


Santo Señor de Santiago,

-En oro y plata vestido-,

¡Con tu mano traspasada

detén la brama del río.


Ya juyeron las calandrias,

Ya el carretero se ha ido

Porque sus bueyes calientes

Se iban en el remolino.


Alegre pueblo Santiago,

Huarachero y siempre vivo

Cuando suenan tus violines,

¡Como te envidia el Bajío!


¡Cuando suenan tus vihuelas

No se oye Maravatío!

Santiago de los trapiches,

Del palenque y del corrido


¡Qué llamarada tus hembras

En fandango amanecido!

¡Cómo arde la sangre brava

Con la brasa del tequila!


¡Cómo saltan los machetes

Por mitote en la partida!

Galopa Santo Santiago

Por su camino encendido.

Saca millones de chispas

Que caen al pueblo dormido.


Estrellas sobredoradas

Forman su morrión ceñido,

Astros de siete colores

Su capa de señorío,

Y un cometa reluciente

Su curvo sable temido.


Santo Señor de Santiago

-En oro y plata vestido-,

Tu viejo pueblo te guarda

Con flores en el latido.


Cuando vayas a Santiago

Fíjate bien lo debido:

Lleva machete tigreño

Lleva puñal entendido.


¡Al que le jierva la sangre

Vaya a Ixcuintla prevenido!


Verá bailar zapateado

Con zapato presumido.


¡Qué fama tiene en la costa,

Santiago por sus sandías,

Por sus vegas tabaqueras

Y sus refrescos de chía!


¡Qué lumbre avientan las tejas

Con el sol que corre ardido!

¡Cómo queman los colores

En la cal y en el vestido!


¡Cómo arden las guacamayas

En el cielo solferino!

Dicen que pasó el Señor

Entre dos aguas del río,

Iba ogado el crucifijo

Sin su cendal guarnecido.


Al pasar por la repunta,

Un cristiano que lo vido

Lo lazó con su chavinda

Y lo llevó al caserío.


Lo pusieron en la Iglesia

De oro y playa vestido

¡Cómo se adora en Santiago

Al Santo Señor del Río!


No recordara Santiago

Sin la creciente del río.

¡Qué pretal tiene Santiago!

¡Qué chavindas lleva el río.