Por: José Ma. Narváez Ramírez.
Desde las seis de la mañana -aquellos que somos vecinos de ellos- casi todos los días empezamos a escuchar la escoleta que hace la Banda de Guerra del Ejército Nacional Mexicano, entre las calles Sierra de San Juan, en el fraccionamiento más hermoso de Tepic y que se ubica a espaldas del Templo de la Cruz de Zacate y en la Nayarit, al comienzo de la colonia Morelos.
Al principio los acordes marciales de los tambores acompañando los toques de muy buen timbre de las cornetas, no hacen sentir que se eriza la piel y nos levantan el ánimo haciéndonos evocar los vistosos desfiles militares que el paso acompasan con vivos reflejos
Nos arreglamos, damos los toques de rigor a nuestros hijos para irlos a dejar a las puertas de la escuela, y nos vamos muy ufanos e inflamados de ese fervor patrio que nos hace vibrar de emoción cuando escuchamos los toques de tambores y cornetas accionadas magistralmente por los soldados Y de pronto nos despierta del fugaz sueño patriótico, el repentino chirriar de frenos o el acelerón de un camión urbano de esos que no acostumbran hacer alto obligatorio en las esquinas, y pasan como bólidos tratando de ganarle la delantera a cuanto vehículo se encuentran, con la complacencia de los gendarmes que se supone que cuidan el tránsito vehicular citadino, pero que acostumbran hacerse de la vista gorda con los energúmenos chafiretes, propiciando que se suscite algún accidente que pudiera resultar de trágicas consecuencias.
En esos momentos nos olvidamos de la tonada marcial que íbamos todavía tarareando y nos acordamos de otra más popular que lleva en sus notas la mentada de madre clásica.
Los militares se están preparando a la antigüita para la noche de la Ceremonia de El Grito y el desfile del 16 de Septiembre.
Posteriormente actuarán en el acto de entrega de poderes del nuevo Gobernador Roberto Sandoval Castañeda, al que le deposita Ney González Sánchez.
Ceremonias oficiales que no pierden la marcialidad y la disciplina que les imprimen las fuerzas armadas, transformando dicho acto en un ritual de etiqueta.
Por eso cuando vemos a los soldados de nuestro glorioso Ejército Nacional, participar uniformados en las labores de rescate de los afectados por los incendios o las inundaciones, o repartiendo alimentos y los donativos a los damnificados, –dentro del Plan DN3-, o combatir en las calles o poblados a los sicarios en una supuesta guerra dirigida desde Los Pinos, por un comandante en jefe que no se ensucia la camiseta, nos avergonzamos de tener un cuerpo militar que se degrada cuando no está combatiendo a un extraño enemigo que profana con sus plantas nuestro suelo
Las labores de rescate y salvamento de civiles afectados por ciclones, huracanes u otros fenómenos climatéricos o por ser masacrados por individuos que enarbolan la bandera negra del crimen organizado, las tienen que realizar los cuerpos policíacos y para eso deben estar debidamente entrenados y preparados.
Igualmente nuestro Himno Nacional Mexicano, debe tocarse en actos oficiales en los que participa El Ejército y La Armada y no en eventos deportivos como el futbol –o cualquier otro-, que se ven muy vistosos e imponen respeto pero que en ellos se deben de tocar o entonar marchas deportivas y no acordes marciales, como los que escuchamos a la hora de practicar la escoleta en la Zona Militar.
Control Señores Control que aquellos que alguna vez leyeron la historia de nuestro Himno, se cuadran, se ponen de pie y se quitan el sombrero, para escuchar los acordes que acompañaron a nuestros héroes a la hora de ofrendar sus vidas por nuestra Patria, esos son los verdaderos mexicanos.
¡Que no usen tus leyes para ocultar sus trapacerías! ¡Qué no entonen tu Himno para acallar sus burlas! ¡Que no icen ni enarbolen tu Bandera para explotar tu suelo!