Por: Óscar Verdín Camacho.- Un integrante del personal médico del Hospital General –o Civil- de Tepic, lo dice de la forma más clara que pueda haber:

Aquí, muchos pacientes de urgencias o se van soloso se los lleva Dios. Se mueren.

Ayer, en la sala de urgencias había pacientes en etapa terminal que obviamente no debían estar ahí, cerca de muchos más enfermos, de fracturados, de heridos.

Una fuente médica explica a condición de no ser citada:

Un paciente debe estar de cuatro a seis horas en urgencias, para valoración, pero aquí se quedan hasta ocho días porque no hay camas disponibles en los pisos, porque no hay espacio en los quirófanos, porque la obra de la sala de urgencias que está en ampliación tiene dos años parada y el dinero se lo robaron. Así de fácil. La gente se da de alta sola, se van a otros lugares.

Mire –indica con la mano hacia el techo-, acaban de tapar ahí porque caía caca del piso de arriba. Aquí hace falta de todo: medicina, pañales, sábanas, batas

La realidad en la sala de urgencias impresiona: un paciente huele mal y no hay familiar que le de aseo, y a unos tres metros de él, una anciana está en la etapa final de su vida, colocados tubos a través de los cuales se le da oxígeno.

Cuatro visitadores de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) inspeccionaron ayer las instalaciones del Hospital General, hablaron con personal médico y entrevistaron a pacientes y a sus familiares sobre la atención que se brinda.

Margarita Ruiz Bustamante, Alejandro Careaga Cervantes, José René Cervantes Olivares y Grecia Bogarín Parra tomaron nota de los reclamos y captaron fotografías del hacinamiento de enfermos, de la sangre en el suelo que no es limpiada, de los ancianos que se la pasan horas y días en sillas o sillones porque no hay camas.

Denles un cubre boca, aboga una enfermera por los visitadores, por el evidente mal olor que hay en la sala.

Los visitadores recorrieron todas las áreas del nosocomio, constataron la ausencia de rampas, necesarias para personas con alguna discapacidad.

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Sentada en una camilla, recargada en una pared, la señora Ramona Martínez García, de 50 años, llora por el dolor, por la desesperación, por no saber qué hacer.

El jueves de la semana pasada se fracturó la pierna izquierda y un día después fue ingresada al hospital; los médicos le han dicho que requiere de una operación pero no hay para cuando.

Aquí no hay nada, no hay medicina, traigo la misma bata desde el viernes y no me he bañado, no hay dónde.

Vencidos por el cansancio, familiares de pacientes se sientan en los pasillos. Hay quienes duermen. Resulta irónico que algunos se recarguen en la madera que sirve para tapar el área de urgencias en remodelación, el lugar donde hace muchos meses no hay sólo albañil trabajando.

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Cerca de uno de los accesos al hospital, casi a la intemperie –a unos metros son estacionados los vehículos-, los visitadores de Derechos Humanos encuentran decenas, quizás cientos de cartones con bolsas que contienen una solución para diálisis peritoneal. Muchos cartones están abiertos y las bolsas al alcance de cualquiera.

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Para el doctor Antonio Durán Ortega, suplente del secretario General –José Luis Martínez- de la Sección 31 del Sindicato de Trabajadores de la Secretaría de Salud, la situación que ha existido en los últimos tiempos en urgencias es inhumana. No hay insumos y cada día está peor porque la secretaría a sacado a personal de incidencias o que estaban trabajando por contrato. Es imposible dar una buena atención.

Según Durán Ortega, los médicos y enfermeras de urgencias corren mucho riesgo laboral porque los pacientes descargan en ellos su coraje, su impotencia, sin saber que no cuentan con las herramientas para trabajar.

Dijo saber que la detenida ampliación de urgencias estaría por reiniciar y que se necesitan 17 millones de pesos para su terminación. Pero nadie sabe a dónde se fue el dinero que estaba presupuestado para ello, desde hace dos años.

Consideró además urgente inyectar recursos a los hospitales de Rosamorada, Santiago Ixcuintla, San Pancho y Jesús María para que allá atiendan a pacientes que en estos momentos arriban al Hospital General.

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Pero la dolorosa situación que impera en el Hospital General y que afecta todos los días a numerosas personas parece no existir para quienes deberían buscar solucionar el asunto.

Ayer, por ejemplo, el gobernador Ney González Sánchez utilizó redes sociales para comentar que se encontraba comiendo en el restaurante Jin San de la ciudad de México.

Más frivolidad, imposible.