Por: Lic. Javier Durán

Escribo esta columna con la intención de que sea publicada por los editores y directores de los medios en los cuales colaboro, ya que lo que aquí diré probablemente no sea algo que guste mucho a las autoridades, aunque sinceramente no crean que la lean, pues deben tener cosas más importantes que hacer.

Tomando como referencia la burla que hizo el Secretario de Hacienda Ernesto Cordero Arroyo, respecto a que cualquier familia fácilmente puede vivir con 6 mil pesos al mes. Con seis mil pesos mensuales una familia mexicana tiene la oportunidad de tener una vivienda, un automóvil y hasta mandar a los hijos a una escuela privada donde pagan colegiaturas, señaló el tecnócrata del gobierno federal.

Ojalá eso le pagaran a los funcionarios del gobierno federal, estatal y municipal para que nos demuestren que se puede vivir con esa cantidad de dinero, aunque hay que decir que nuestros campesinos no ganan eso. Ganan mucho menos que esa cantidad que menciona Mr. Bean.

Cada día la situación económica se pone más difícil, el poder adquisitivo por supuesto que ha disminuido en gran manera, la inflación aunque lo niegue Cordero, ha sido superior al 21% y ha sido de las peores en los últimos 3 sexenios.

Trabajos bien pagados solamente hay dos opciones: gobierno y narcotráfico.

Entrar a trabajar al gobierno es poco menos que imposible, es un circulo de poder muy cerrado y solamente entra en este familiares, amigos, compadres, y uno que otro sopla nuca. Así que esa opción es prácticamente nula. Sin embargo, para entrar a trabajar en la delincuencia organizada es mucho más fácil. Hasta un campesino puede formar parte de la red de trabajadores de estas organizaciones que de alguna manera solucionan un poco el grave problema de desempleo que hay en el país y la falta de recursos económicos para solucionar los problemas de muchas de las comunidades y de la gran mayoría de mexicanos.

En los ranchos, comunidades y localidades de cada uno de los estados, por supuesto incluyendo el estado de Nayarit; existen cientos de jóvenes y adolescentes que no tienen posibilidad de encontrar un empleo bien remunerado y la pobreza no les deja otra opción que buscar el camino de la delincuencia para tener algo que llevar a su casa.

El hambre es mala consejera y cuando el joven ha luchado para encontrar algo que realmente valga la pena y ve que los días pasan sin que encuentre la forma de mantener a su familia, será presa fácil para los reclutadores de empleados para los grupos delictivos, que pagan bien y que al parecer son más buenos patrones que los del gobierno u otras instituciones o patrones, pues según vemos, están dispuestos a dar la vida por defender el proyecto que les paga para realizar su trabajo, y según testimonios escuchados por estas personas, vale la pena morir por tal o cual causa.

Hemos trabajado mucho con los adolescentes y jóvenes como maestros, somos impulsores de valores morales y tratamos convencer al alumno que siga adelante en sus estudios.

Pero cuando salen de la preparatoria, se encuentran que no tienen recursos económicos para seguir sus estudios. Papá y mamá no tienen dinero para realizar los pagos que se generan para sacar fichas en la universidad, no tienen dinero para pagar pasaje para trasladarse todos los días a estas universidades desde los ranchos donde viven.

No tienen familiares donde puedan quedarse a vivir y se ahorren algo de dinero al no viajar diariamente a sus casas.

Al no tener esas posibilidades, el desencanto hace presa de ellos. Trabajan en el campo jornadas muy pesadas por 100 pesos al día. Alguien le ofrece la oportunidad de ganar mucho más sin matarse tanto y caen en la tentación. Hacen un jale, les va bien y ganan billetes.

No es cierto que haya cuatro caminos en la vida, como dijera en su canción José Alfredo Jiménez, solamente hay dos: El bien y el mal. La vida y la muerte. Vivir o morir. Muchos prefieren morir al arriesgar su vida todos los días del lado de los malos, pero sabiendo que los días que vivan, tendrán harta lana para gastar en lo que quieran.

Solamente hay dos opciones: La pobreza o la delincuencia. La segunda opción está ganando, pues las malas administraciones de las personas que dirigen el gobierno (federal, estatal y municipal), se han dedicado a gastar los recursos públicos en asuntos frívolos y triviales, haciendo que cada año el número de pobres crezca en cantidades que superan los miles y llegan hasta millones.

De ahí, otra explicación de la creciente ola de delincuencia que todos vivimos. Mi correo; guillotinakora@yahoo.com.mx