Una Historia que Puede Cambiarse

Era un país hermoso que vivía
Inmerso en deudas, pues debía
-allende sus fronteras- a cualquiera.
Y dentro de él, a muchos de sus hijos
que en su feraz y abrupta geografía
-un poco mal-ahí se mantenían.

Y la culpa¿ De quien, señor, de quien?.
Si el petróleo brotaba dondequiera;
Si los peces saltaban en sus mares;
Si con playas de arena sonrosada
Se adornaban sus vastos litorales.

Recubrían gran parte de su entraña
Una gama de ricos minerales.
Buenos frutos rendía la agricultura
En sus valles de verdes pastizales.

Y el paisaje, bellísimo paisaje,
Era común en su amplio territorio:

La más grande bahía que el hombre conoció;
Sus tumultuosos ríos y sus quietas lagunas
¡Son mares interiores de plata y de zafir!
Montañas colosales con sus hielos perennes;
Aves de mil colores en lujuriosos bosques
¡Mil galas naturales vestían al país!

Y el culpable.¿Donde está?. ¡ Quien es?.

Y nadie se explicaba tal brujez;
Minerales y tierras labrantías
Había en abundancia por doquier.
Pero fijando un poco la mirada
Sobre esos hombres que todo lo tenían,
Rápidamente, la razón saltaba.
Tal gente todo lo hacía al ay se va.
No querían rendir en sus labores;
Lo importante: ¡Ganar cada día más!
Con el mejor esfuerzo, mas ganancia,
Parece ser divisa que persiguen
con un afán modelo de constancia.

¿Lógica la solución al problema
Si todos son culpables por igual?;
¡Que el trabajo a conciencia sea lema!
Cuando lo haga así, toda la gente,
Ese bello país inmerso en deudas
Habrá de resurgir resplandeciente.

Profr. José Luis Lara Orendain