ÓSCAR VERDÍN CAMACHO.-

Iniciada la final de fútbol entre los equipos de Arrayán y Guerreros, el sábado 15 por la tarde en el torneo de barrios de Xalisco, un hombre se abría paso entre la multitud, alrededor de la cancha, para lanzar un reto:

“Van cuatro mil pesos a Guerrero, cuatro mil a Guerrero, cuatro mil a Guerrero”, repetía cuando el partido aún estaba cero a cero.

Las gradas y alrededor de la cancha estaban a tope de gente, mucha incluso a la orilla de las líneas de banda, y en su inmensa mayoría bebiendo cerveza, hombres y mujeres. Arrayanes y Guerreros repetían la final del año pasado, en la que fue campeón el primer equipo citado.

El de Xalisco seguramente es el torneo de barrios con mayor peso en el estado, pues además se permite que participe la contratación de jugadores, muchos de ellos incluso con salario o primas extras por cada gol anotado.

Pero el ingrediente extra es que, trasciende, hay fuertes apuestas en los partidos, cuya parte última coincide con la conocida Feria del Elote. El hombre descrito líneas arriba lo confirma a pequeña escala.

Por ejemplo, según comentarios recogidos entre aficionados de los equipos Arrayán y Guerreros, anteayer se juntó una apuesta de 500 mil pesos, sin contar lo que se haya añadido por separado.

No en balde la gritería rompe los nervios cuando Arrayán anota el primer gol, aunque unos minutos después Guerreros le da alcance y así termina el primer tiempo.

En el estadio hay miles de aficionados que pagaron 20 pesos por entrar, o bien cinco pesos los niños. Es imposible encontrar algún muchacho mayor de 15 años que no esté bebiendo cerveza. Es la tradición xalisqueña. Entre la multitud se encuentran los que tienen años sin verse. Son los días en que regresan los nativos de aquí pero que viven en otros lados, principalmente en Estados Unidos.

La aparente calma del medio tiempo se rompe cuando un grupo de homosexuales ingresa al estadio. Les silban y les sobran piropos, y ellos lo agradecen, felices, sonrientes, atascada la cara de pintura. Varios sujetos ebrios parecen en verdad dispuestos a pasarse un rato con ellos. Les invitan la cerveza, avanzan junto a ellos unos pasos.

Afuera del estadio ha llegado una banda musical y sobra describir cómo se anima el gentío con las primeras canciones. ¡Cuál crisis económica!.

Para el segundo tiempo se nota que los nervios aumentan. El final está cerca. Y cuando parecía que Arrayán y Guerreros se irían a penalti, hubo una falta dentro del área de Guerreros, a favor de Arrayán, y el árbitro central marcó la pena máxima. Así, cuando faltaban escasos cinco minutos para que concluyera el partido, Arrayán anotó el segundo gol, lo que significó que se coronara campeón, nuevamente sobre Guerreros.

Cuando el árbitro silbó el final, cientos corrieron al interior de la cancha para felicitar a sus jugadores, pues no pocos seguramente apostaron jugosas sumas de dinero.

Policías municipales y estatales habían implementado un operativo especial en torno al estadio de futbol, pero afortunadamente no hubo motivo para que intervinieran.