FERNANDO MEDINA MIRALRÍO
Sólo con un estudio comparativo sobre la cantidad de expedientes resueltos en un período determinado –antes y después de los nuevos magistrados- se podrá determinar si la decisión de Ney González fue acertada o equivocada al incrementar desmesuradamente a los funcionarios judiciales de primer nivel y si se justifica su existencia o no. ¿Son muchos los magistrados judiciales en Nayarit? Una revisión nacional nos podrá abrir los ojos al respecto. Analizando densidad demográfica, presupuesto y producto interno bruto; estos tres elementos nos dirán si las otras entidades tienen pocos magistrados o la nayarita tiene demasiados y de sobra.
Por ahora están todos concentrados en la capital, allí residen todos ellos. ¿Quiénes estarán dispuestos a cambiar de residencia? Difícilmente tomarán esa decisión. Unos no van a querer dejar su notaría o correduría, su cátedra y sus otras actividades empresariales. Otros saben lo que significa irse a una región en materia de trabajo: cuantía y carga. La única manera de justificar su existencia es desconcentrarse. ¿Con el mismo presupuesto o con uno mayor a costa de los nayaritas? ¿Con el mismo pródigo salario o con una compensación adicional por lejanía?
¿Es expedita su impartición de justicia o está sujeta a sus tiempos y horarios?Esta es una pregunta importante que debemos hacernos. Si son tantos por qué duran tanto en sesionar para resolver los asuntos; ¿han buscado la practicidad o la comodidad? Sesionan cada semana o en ocasiones hasta que hay un cúmulo de asuntos por resolver, mientras tanto el ciudadano se encuentra a la espera de su decisión y el aparato de justicia detenido, es decir, se da un paso cada semana o cada quince días. ¿Es esa la expectativa de justicia que ha anhelado la sociedad? No, definitivamente que no.
Los sueldos que perciben son muy honrosos, quizás hasta ofensivos para quienes en verdad tienen la carga real de trabajo en los juzgados y que son: jueces, secretarios de acuerdos y actuarios. Sin embargo, en los altos mandos únicamente se ve mercadotecnia y capacitación judicial, pero hacia afuera no hay una atención auténtica, los procesos siguen siendo tortuosos para los que exigen que se aplique la ley. ¿En dónde se percibe o se nota que el montón de magistrados beneficia a la población que activa el aparato judicial? ¿Cuál razonamiento válido puede esgrimirse ante los abogados y la gente que acude a los juzgados, que sirva para convencerlos de que los diecisiete magistrados han hecho más operativo el Poder Judicial, si ven lo mismo de siempre?: lentitud y desgaste. Las apelaciones que casi siempre son la antesala del amparo, tardan ahora más que antes. Basta sólo un análisis de productividad; las causas: la desatención a la función judicial y la pérdida de la mística justiciera gracias a la seguridad de su inmovilidad constitucional, pues durante diez años serán intocables.