Por: Juan Fregoso
Por lo visto, estas elecciones tienen el sello de la incertidumbre, la ciudadanía no consigue identificarse con ninguno de los tres candidatos a la presidencia de la República, por más que éstos se afanan en presentar las bondades de sus propuestas o de sus proyectos políticos, no pueden ganarse plenamente la confianza de la gente que desconfía de todos y de todo.
Hasta hace poco, se decía que los electores ya no se fijaban en los partidos políticos, sino más bien en el mono, pero sucede que actualmente, ya ni en los monos confían, tal vez porque al igual que los partidos que cayeron en el desdoro, también los contendientes fueron a parar a donde mismo, por eso es que los ciudadanos se muestran recelosos, huraños y apáticos.
A la fecha, el puntero sigue siendo el candidato del Partido Revolucionario Institucional, Enrique Peña Nieto, seguido—según las más recientes encuestas—de la panista, Josefina Vázquez Mota, mientras que en tercer lugar se ubica el perredista, Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, con todo y llevar una gran ventaja, Enrique Peña Nieto—cuyo reto es recuperar la Presidencia—no ha logrado prender al cien por ciento en el ánimo del electorado, pues una cosa son las encuestas y otra muy distinta es el sentir de la gente, que ve en el priísta la sombra ominosa del ex presidente, Carlos Salinas de Gortari.
En efecto, el lastre que carga el mexiquense es el fantasma del salinismo, y esto lo hemos señalado varias veces en esta columna. Hay quienes dicen que el candidato del PRI es la mejor opción, por su juventud, por su carisma y hasta por su sex-appeal con las mujeres, pero esto no es suficiente cuando su figura se encuadra en la era jurásica del priísmo, en donde aún se mueven los más feroces dinosaurios del sistema político mexicano, y que tanto daño le han hecho al país, como Carlos Salinas de Gortari, junto con su recua de tecnócratas, estas son las piedras tricolores que debe sortear Peña Nieto, si es que quiere sentarse en la silla que hoy ocupa Felipe Calderón Hinojosa, pero como ya lo dijimos con antelación, independizarse del grupo de políticos mañosos no le será nada fácil, ya que romper con el viejo sistema significaría para Enrique Peña Nieto hacerse el harakiri.
En este contexto, el artífice del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, Javier Sicilia, formuló fuertes señalamientos en contra del candidato del tricolor. Dijo Sicilia: El regreso del PRI a la presidencia del país, con Enrique Peña Nieto, sería ‘lo peor’ que le puede pasar a México porque regresarían las peores prácticas con las que el tricolor gobernó durante 70 años. Para Sicilia, Peña Nieto es el peor de los cuatro candidatos y con cierta prudencia se pronuncia a favor del candidato de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador.
No obstante, el activista parece haber caído en una contradicción, tras señalar que con cualquiera que gane de esos tres—en su juicio incluye, por supuesto, a López Obrador—la presidencia del país el primero de julio ‘la estructura’ sería la misma, pero el peor de todos se llama (Enrique) Peña Nieto, porque Peña Nieto ni siquiera sabe que existimos, no le interesó hablar con nosotros, Peña Nieto es el regreso a lo peor del país, es el regreso a los poderes fácticos, es el regreso al Salinismo, el regreso al desprecio absoluto de los ciudadanos, el regreso a la legalización del crimen en su sentido más amplio, sentenció.
Asimismo, expresó que Andrés Manuel López Obrador es el mejor, es el mejor rostro, por desgracia no es asunto de personas, es un asunto de estructuras, y quien sostiene esa estructura y la inventó, bueno viene desde la época de la colonia, pero quien la sostuvo se llama el PRI, Peña Nieto representa eso. Empero, con todo el respeto que merece un intelectual como don Javier Sicilia, habría que advertirle que también López Obrador es hechura del PRI, allí comenzó su carrera política el tabasqueño, por lo tanto, si éste procede del mismo laboratorio que Enrique Peña Nieto, es de suponerse que arrastra los mismos vicios, en consecuencia, en el supuesto de que el ex candidato presidencial, esta vez llegara a ganar la primera magistratura el país no avanzaría mucho, las estructuras a que hace mención el poeta seguirían firmes o iguales, en una palabra, no habrá un cambio de fondo sino de máscara, con un presidente que arribaría a los Pinos, a través de un vehículo distinto pero procedente de la misma central camionera.
Es como si Enrique Peña Nieto se enfundara en el traje amarillo y con éste accediera a la presidencia, ¿nos estaría gobernando un perredista o un priísta camuflado? Así pues, El Peje—por sus antecedentes priístas—representa exactamente lo mismo que hoy se busca combatir, esto es, el retorno del PRI a los Pinos, por tanto, los mexicanos estamos ante una encrucijada, lo que quiere decir que da lo mismo votar a favor de cualquiera de estos dos candidatos, ya que desde el punto de vista histórico son una especie de siameses, separados solamente por una conveniencia coyuntural. En el fondo, los dos representan más de lo mismo, así traten de convencer al electorado con discursos embadurnados de la más fina demagogia, de ahí que ni Andrés Manuel López Obrador es el mejorcito como insinúa Javier Sicilia, como tampoco Enrique Peña Nieto es la mejor opción como muchos opinólogos aseguran. Y esto Javier Sicilia lo sabe, pues sólo así se explica su pronunciamiento por el voto blanco, con esta afirmación el luchador social, da un giro sorprendente porque primero dice que si Peña Nieto llegara a ganar la presidencia volveríamos al sistema autoritario de antes, pero en su fílipica engloba al candidato de las izquierdas, lo que quiere decir, que en realidad no se identifica con ninguno, si acaso, a López Obrador lo contempla como una remota opción y nada más.
Mientras que la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, representa el calderonismo en su máxima expresión, y al igual que el aspirante priísta no puede desligarse del fantasma del salinismo, Vázquez Mota tampoco puede romper el hilo que la mantiene maniatada con el presidente de la República, a menos de que quiera dejar de recibir todo el apoyo del aparato panista, lo que la debilitaría aún más de lo que ya está, con todo y que las encuestas la ubiquen en un segundo lugar en la intención del voto, porque indirectamente carga sobre sus espaldas las más de 60 mil muertes en el sexenio más violento que ha padecido México.
Sobre Josefina Vázquez Mota, Javier Sicilia la tocó al principio con suma delicadeza, quizá por tratarse de una dama. De entrada, apuntó que Josefina es una buena mujer, una mujer honesta, pero luego se le va a la yugular con el filo de su pluma poética: El problema, subraya, es la estructura porque protege sus propios delincuentes, siguen con estructuras patrimonialistas, que quiere decir esto que usan los bienes de la nación y la nación misma para provecho personales, ojalá y fuera un asunto de personas, (pero) el problema es un asunto de estructuras, enjuicia el periodista
Así pues, como Javier Sicilia que se encuentra visiblemente confundido en torno a la elección del próximo presidente, también ocurre lo mismo con millones de mexicanos, ya que de los tres candidatos más fuertes aún no se deciden por quien votarán el primer domingo de julio. El escenario que se nos presenta hasta ahora está decorado políticamente con grandes lienzos de dudas y hasta de miedo porque no hay que olvidar que estas elecciones se llevarán a cabo en un ambiente lleno de violencia, lo que podría inhibir el voto ciudadano en detrimento de la democracia y de la justicia electoral que tanto anhela el pueblo mexicano.