Por: José Ma. Narváez Ramírez.
Ante una campaña que pide respeto a la gente de México, y viene demostrando a diario que es lo que menos tiene por ella, tenemos que exigir –que no pedir- se dejen de nimiedades -o tiznaderas- , y de una vez por todas respeten, honren a su patria, y se comporten como ciudadanos dignos de llevar las riendas de su país y de reconquistar la pisoteada confianza, representando dignamente a los mexicanos, con la honestidad que le deben y le juran a la nación, y no jugando al patriota como vienen haciendo los que están en el gobierno y los que militan en sus campañas llenas de insultos, reclamos, burlas, acusaciones, improperios, falsedades, sarcasmos y mofas repulsivas.
Después de ver las charlotadas que escenifican en las Cámaras de Diputados y Senadores, que sigue siendo la cantina oficial en la que se reparten mentadas de madre, se dicen pendejos entre otros insultos, y hacen como que se pelean a gaznatadas, y a la salida se ven en el bar o en el burdel acordado –como las propuestas y leyes que aprueban levantando el dedo y escondiendo bajo el brazo la Constitución-, estamos conscientes de que se ha perdido la seriedad y el respeto por los representantes electos por el pueblo lamentablemente para cumplir con las leyes que nuestra Carta Magna demanda.
Una Constitución violada, ultrajada, corrupta y manoseada por un atajo de villanos disfrazados de funcionarios, que deben de ser defenestrados del poder, acusados de falsedad y traición a su patria; juzgados, condenados y encerrados en las cárceles, después de confiscarles sus bienes mal habidos, y utilizarlos a favor de los gobernados –u oprimidos, que son varios millones de necesitados-.
De llegar a conquistar el poder, hacer realidad esa frase trillada de me comprometo a ejercer por la seguridad de: Para empezar, bajaré los altísimos sueldos que se han autorizado para robar sinvergüenzamente al pueblo, y esto es lo primero que le pido al Notario, para que asiente en el acta que acuso de robo a aquellos que están cobrando un salario que no demuestran comprobar con el desempeño de un trabajo acorde a la paga, además el añadido de sobresueldos, canonjías y agregados que acaban con los presupuestos impunemente, provocando un irreparable daño a la economía en todos los órdenes, principalmente al sector campesino. Asistiendo a dizque laborar en carrazos del año y vistiendo ropa de importación.
Nuestro país adolece de una buena administración gubernamental, tiene que cambiar a los vaquetones que ocupan los puestos donde se manejan las partidas para obra pública y para ayuda al sector rural y al obrero. No hay empleos porque el estado no tiene con qué crear industrias, (y si viene alguna, le piden de volada ser socios capitalistas sin contante y sonante solamente de papel). Le hace el juego a la hotelería para vender al billete extranjero o a los grandes capitales de los empresarios mexicanos –dueños de enormes consorcios, como televisa y telmex, nuestro suelo.
Todo lo saquean los chupópteros enquistados en un gobierno que está perfectamente planeado para el robo; no le importan los desempleados mucho menos los desamparados, los campesinos, los pobres, los olvidados, los periodistas sin sueldo
Están terminando con el petróleo, y las paraestatales van aumentado sus tentáculos con la construcción de presas que dejan a las tierras de cultivo, sin agua; a los terrenos que se dedican a la cría de ganado: secos, causando en ambos casos la muerte. Cobrando –mientras- altas tarifas de consumo de electricidad, por ejemplo
La cacareada estructura agrícola solamente arriba al campo en revistas y dibujos de proyectos que no aterrizan. Mientras los coyotes siguen impasibles ofreciendo su apoyo miserable a los que se la parten sembrando y cosechando los granos que aquellos venden al mejor postor o lo exportan a donde se los pagan en dólares o euros Y de ribete no les cubren su lana a los explotados productores porque el gobierno está en contubernio con ellos.
Las cuentas de las tarjetas de crédito en los bancos están hinchadas de intereses y aplican la ley del cobro al estilo de los ladrones de cuello alto: Con elegancia y sin el menor asomo de consideración. Y la ley los protege. Al igual que a algunos narcos amparados en la corrupción de los cuerpos policíacos.
La delincuencia –por el mismo tenor- está desatada y abundan los secuestradores y los explotadores de la gente trabajadora a la que amenazan de muerte si no les pasan cierta cantidad de dinero. (O copelas o cuello) No hay muchas denuncias porque las víctimas aseguran que la policía esta del lado de los energúmenos, endemoniados, delincuentes. Por más ofertas que le hacen a la ciudadanía por las denuncias anónimas, muchos no caen en el garlito.
El vicio y la prostitución sigue extendiendo sus poderosas ramas hacia los más débiles dejándolos en calidad de piltrafas, enfermos y desahuciados como parte de la limpia social. Quedan en proceso de ese desalojo los aficionados al fútbol y a otros deportes donde se consumen alcohol y drogas. Estos ciudadanos están en el departamento de estupidizados que junto con los ávidos aficionados a la tele forman la legión de los paga-paga por ver a sus jugadores favoritos en un impuesto que se les aplica ahuevoluntariamente.
Nadie trabaja por el bienestar y el progreso de nuestra nación, por el contrario lo llevan al exterminio mientras lo idiotizan con bailes amenizados por bandas musicales y artistas que ofrecen espectáculo y cobran como si fueran diputados del Congreso.
Esto debe acabar de raíz, aunque los mismos ciudadanos califican que estamos invadidos por un cáncer maligno que ya no podemos erradicar y que nos va a enterrar en poco tiempo a causa del hambre provocada por los pudientes políticos en turno. Y si no, la propia contaminación que le estamos causando al planeta Tierra, nos lleva al mismo destino: la autodestrucción.
Ahí les hablan, candidatos de peluche.
Control Señores Control Ya ni llorar es bueno, porque a los candidatos no lo pone el pueblo sino los partidos, y para acabar con el cuadro de explotación: Tiene que ser el principal aprobado por los gringos
(Líneas. Tel. 311 158-66-55).