Por: Olegario Zamudio Quezada
Siempre quise desandar por los caminos, por mi escuela primaria de Mazatlán Sinaloa; mis barrios, también quise poder visualizar en cada casa, en cada árbol de almendros rojos a mis amigos de esa infancia, siempre quise como ya lo dije antes desandar mis pasos, creo que en esta intención deberá haber algo de pesar y melancolía, después de muchos años hace algunos días lo hice por fin, lo hice a paso de cortejo fúnebre.
Actualmente mi familia, la de mis abuelos Cruz Zamudio y Luisa Guzmán se compone de siete generaciones, yo pertenezco a la tercera también mi primo Manuel quien es hijo de mi tío Pantaleón, en suma seremos como ochenta primos de siete tíos.
Ahora estamos con la noticia del deceso de mi primo Manuel, de oficio ferrocarrilero, esta información caminó de manera rápida, el hijo de mis tíos Pantaleón y Carmen nació en Cerro Pelón municipio de Compostela hace como ochenta años, ante este hecho quienes estamos cortados a la vieja usanza como mi primo Félix Cruz y su siempre gentil esposa Cristina, tres de mis hermanos y yo, acudimos representando nuestros afectos y el de nuestros padres en ese encuentro familiar.
Ahí estaban sus hijos, también la famosa Estrellita, con su mirada como de melancolía chisposa, una niña de como tres años nieta de mi primo el Cerro Pelón, en la mañana antes de ir a la misa fui a desayunar menudo a la carreta de la esquina, me comentó Julio el muchacho despachador, que mi primo Manuel fue un hombre que siempre tenia una sonrisa para cada quien, que era un hombre afable, fornido y correcto.
Luego nos fuimos todos a misa en cortejo, de regreso y junto a la carrosa hicimos un alto en las afueras de la casa de mi primo, en ese instante me dirigí a su hogar y pedí que abrieran la puerta de par en par, luego enfilamos a la estación del ferrocarril, esta sería su última visita a su área de trabajo, la misma que le permitió tener el sustento de su familia.
La hora del llamador fue a las trece horas, dirección norte-sur, mi primo, Ayudante de Conductor, Garrotero de Camino y de Patio, llegó puntual, la máquina 3544 de FERROMEX anunciaba la presencia de Manuel Zamudio González con un silbido que silenció el ambiente, de tal manera que hasta se podía escuchar el ruido que hacia el sol al caer intenso sobre nuestros hombros.
Los árboles de capiro con las hojas secas, se erguían firmes al pasar del cortejo, la garganta se cerró, el corazón se agolpó y el alma de todos los asistentes quedó en vilo, cuando el maquinista desde su asiento tocó la campana, pude escuchar claramente la voz ronca de mi primo que anunciaba la partida del tren, caso por el cual todos los pasajeros deberían estar pendientes, vamonoonooos casi creí escuchar, vaaamooonooss
Al llegar al panteón, dos de sus hijos comentaban que su padre Manuel era un buen hombre, que nunca con él les faltó qué comer, nunca los trajo pidiendo comida en la calle ni en casa ajena, nunca les propagó odios contra nadie, siempre inculcó el respeto por sus demás hermanos, somos como veinte y ocho aseguraba uno de ellos.
Todos cuantos quisieron y pudieron, lo despidieron en el dintel de su sepulcro; adiós viejón, escuché discreto a alguien decir, así luego mientras las bandas funerarias bajaban a mi primo el Cerro Pelón en el ataúd a su última morada, pensé que éste había sido tan prolífero que no estaba muerto ni lo estábamos enterrando, creía yo en mi circunstancia humana, que lo estábamos sembrando y que pronto iba florecer.
Al final de la jornada podía presentir la mirada del Cerro Pelón, sin verla también podía confirmar que en el ambiente estaba la sonrisa de él y su voz como mencionándome no quise retirarme de su familia sin compartir con varios de ellos, sus hijos, hijas y nietos, el sentimiento y el compromiso de afecto de Manuel, les dije:Tenemos el encargo de refrendarnos afectos unos a otros, tanto, igual o más, que como él nos lo dio, les dije eso porque luego ya no pude hablar más, me quedé como en remanso.