Por: Olegario Zamudio Quezada
Ella ya no está físicamente, pero igual creo que si está, que me está sonriendo, con esa sonrisa maternal que siempre la distinguía, creo que está con sus manos una palma encontrada con la otra, que me invita a sentarnos para platicar, ella aun en el recuerdo es muy amable, cálida en su intención.
Cuando alguna ocasión me pidió una ayuda, puse la mejor de mis intenciones y llamé a mis más especializados amigos para acompañarla en su afán, lo hice por varias razones, porque así soy cuando quiero, porque ella me lo pidió, pero sobre todo porque ella merecía ser atendida hasta por sus amigos y yo fui uno de ellos.
Diligente, siempre tenía una respuesta en la mano, siempre sabia que hacer y cómo ayudarte en alguna desiderata, sabía muchísimos más años de los que en realidad tenía, con ella compartí vivencias detalles que de alguna manera han marcado mi vida.
Una vivencia fue, que un día mi madre estaba enferma, mi madre que aparte de ser miamá era mi amiga, ambos cultivamos ese sentimiento de amistad, un día de tantos yo la veía y la veía recostada y enferma, así observándola me gano la angustia de poder y deber hacer algo por ella.
Pero lo que ella tenía yo no lo podía resolver, primero porque yo no era doctor y su deterioro físico estaba muy avanzado, pero algo tenía que hacer y yo lo sabía, no podía quedarme así sin haber hecho algo por alguien que me dio hasta la vida.
Reflexionaba como a mis años, había hecho tanto por tanta gente, incluso muchos que ni conocía y que nunca he vuelto a ver siquiera de nuevo, entonces porque no hacer algo por quien me trajo a esta vida y por quien había cultivado una amistad.
Luego una idea me agolpó la conciencia, si yo estuviera enfermo así, ella por mi sería capaz de ir hasta el fin del mundo por mi alivio y con esa convicción, salí a la calle a buscar ayuda para ella.
Cuando el aire me tocó el rostro, concluí que solamente una persona podría ayudarme, fui en su busca por las calles, me encontró un amigo, me dijo que andas haciendo, le dije ando buscando a alguien para que me ayude con miamá que está enferma, a quien buscas me preguntó, le contesté, busco a Dios, mi amigo me miro y se fue caminando, yo también.
Así en mi a tribulación, desasosiego, quizás disociación o un tanto de locura, fui al mercado pues tenía la convicción que en él, encontraría alguien que me diera razón de Dios, siempre he creído que esos lugares están llenos de sabiduría, pregunté a una señora y me miraba fijamente estática, de repente empezó a llover muy fuerte y en menos de un minuto el agua me llegaba a los tobillos.
Inundado hasta los pies por lo que era una tormenta repentina, seguí caminando y me vi tocando en la puerta de la casa de mi amiga, pero nadie había, ahí no supe que hacer más y me quise derrumbar, cuando de repente en medio de la lluvia cerrada la vi llegar.
Así, entre la lluvia mi amiga Martha me invitó a pasar a su sala y le dije que buscaba a Dios, le expliqué para qué, en respuesta ella sonrió conmigo, me dijo te llevare a un lugar donde obtendrás respuesta a tu búsqueda.
Días después una de mis hermanas, recostada debajo de la cama en el hospital donde mi amá estaba atendiéndose, en la madrugada se despertó, salió del cuarto y me dijo, soñé a miama me dijo que habías ido a pedir ayuda a unas personas y que por eso ella va a estar bien, me pidió que fuera a darles a ellos las gracias.
Ahora ella, mi amiga Martha ya no está físicamente, pero tengo la convicción de que esta sonriendo frente a mí con las palmas de las manos encontradas y con su actitud maternal, de nuevo le digo, gracias amiga, donde estés, se una con el Dios.