Por: José Ma. Narváez Ramírez.

Solamente cuando llevaba a mi abuela a hacer sus oraciones a la iglesia, pensaba que algún día –a la mejor- así me acompañaría un nieto a hacer lo mismo. Pero a los pocos minutos olvidaba el propósito y continuaba el tren de vida que la juventud me proporcionaba.

Llegaron los días en que ahora me toca vivir la etapa que le llaman de la tercera edad y los nietos únicamente se me acercan a saludar –por indicaciones de mi hija- y luego se retiran a jugar o hacer su tarea, olvidándose de los abuelos como dejándolos en un rincón cual trasto o juguete viejo.

Yo los veo y pido al Señor que los cuide y los guíe en su camino, no es que los aleje de mi, sino que ellos no desean estar lidiando con un sujeto desgastado y enfadoso, que se mueve trabajosamente y suelta consejos y regaños en cuanto se le acercan.

Tal vez si fuéramos más amables y menos engorrosos, lograríamos disfrutar más tiempo de estos seres tan queridos. Hay abuelos que logran aprovechar buenos ratos al lado de los nietos y consiguen participar en sus juegos, ayudar en sus tareas y darles a entender algunos mensajes que les enseñó la vida y que pudiera ser que los comprendan y los apliquen algún día en su existencia. Estos llegan a convertirse en los abuelos consentidos.

En estos tiempos, tan escabrosos y llenos de peligro, en los que las gentes adultas sienten el riesgo que se está viviendo, sufren las carencias que los funcionarios consideran normales y padecen las consecuencias de percibir las miserias de un sueldo regido por las reglas del salario mínimo Los abuelos no ajustan con las migajas de una pensión y tienen que buscar alguna chamba que les proporcione una ayuda extra para no convertirse en una carga familiar; por ello no disponen del tiempo necesario para disfrutar de la compañía de sus nietecitos o ven con mucha tristeza que en cuanto crecen, parten a lejanas tierras a tratar de ganarse a vida para no terminar como sus abuelos

Control Señores Control Mientras no salga de por ahí de la raza un cristiano que acabe con la corrupción y la delincuencia organizada tendremos que soportar estas pérdidas de los valores humanos, de los sueños de la vida

Por cierto, de los 18 nietos que me han dado los hijosde la abuela, nomás cuatro se acordaron de los abuelitos en la pasada fecha, pero en cada cumpleaños de ellos, invariablemente ahí está la vieja echándoles un telefonazo –cuando menos- y nos ponemos a cantarles las mañanitas con voz cascada y plagada de gallos pero éstos son provocados por algunas lágrimas que se vienen a los ojos y otras (por dentro) caen a las gargantas vetarras pero que se las dedicamos con mucho cariño