Por: José Miguel Cuevas Delgadillo

Continuamos con esta conferencia tan interesante de la Abogada Alma Gallardo. ¿Has perdido tus ilusiones? Susan Forward, terapeuta matrimonial y autora del libro Cuando el Amor es Odio: Hombres que odian a sus mujeres y mujeres que siguen amándolos. Describe la experiencia amarga de muchas de sus pacientes respecto a sus esposos, quiero leerte un fragmento: Los compañeros de mis pacientes mujeres con frecuencia eran encantadores, e incluso afectuosos, pero siempre capaces de cambiar de actitud en un abrir y cerrar de ojos para comportarse de un modo cruel, crítico e insultante. Su forma de proceder iba desde la evidente intimidación y las amenazas, hasta ataques más sutiles y encubiertos, en forma de humillaciones constantes o críticas destructivas. El hombre mantenía el control haciendo polvo a la mujer. Además, esos hombres se negaban a asumir responsabilidad por el sufrimiento que sus agresiones ocasionaban a su pareja. En cambio culpaban a su mujer de todos los sucesos desagradables, del primero al último. Pero una vez que empecé a ver en sesiones de asesoramiento counseling a los compañeros de algunas de mis clientas, caí en la cuenta de que ellos no sufrían tanto como las hacían sufrir a ellas, ni mucho menos. Eran las mujeres quienes sufrían: Todas ellas padecían una grave pérdida de autoestima, y muchas tenían además otros síntomas y reacciones. Nancy (un ejemplo) padecía úlceras, le sobraba peso y había descuidado completamente su aspecto; otras tenían problemas graves de abuso de alcohol y de otras drogas, sufrían migrañas, problemas gastrointestinales o trastornos del apetito, y del sueño. Con frecuencia su eficiencia laboral se veía afectada, y era común que carreras prometedoras en su momento, estuvieran abandonadas. Mujeres que conocieron el éxito y se mostraron competentes ahora dudaban de sus habilidades y de su capacidad de juicio. Con frecuencia alarmante, sufrían ataques de llanto y de angustia, y caían en profundas depresiones. En todos los casos, esos problemas empezaron a manifestarse desde el matrimonio, o a los largo la relación. ¿Esa es tu vida? ¿Sentiste que describieron tu historia, tus síntomas? Esa ilusión que tenías de ti misma, de tu matrimonio, de tus hijos, ¿se perdió? ¿Has perdido toda libertad, hace mucho que no te sientes feliz, que no disfrutas a tus hijos? Esa mujer emprendedora que eras antes, ¿recuerdas? ¿Y ahora ni tú misma te reconoces? Has perdido mucho en esa relación con tu pareja. Si lo pones en una balanza, verás que está muy desequilibrada tu vida. ¿Qué tienes? ¿Qué has logrado en esa relación además de maltratos y semanas de odio en el corazón de tus hijos? ¿Has obtenido una casa, una provisión económica? ¿Un estatus ante los ojos de la sociedad? Pero ve lo que NO tienes: ¿Tienes el corazón ganado de tus hijos? ¿Te respetan? ¿Te honran? ¿Te ven como su guía moral y espiritual? ¿Realmente puedes decir que hasta hoy has suplido en ellos esa gran necesidad de tener una madre ejemplar?

Cayendo cada vez más bajo. Quizás ya tu propia dignidad has perdido. ¡Qué puedes pensar de un hombre que ni siquiera te ha dado tu lugar como mujer? ¿Qué te ha engañado por años diciéndote que el matrimonio es sólo un papel. ¡Cuántas mujeres hoy se juntaron solamente con un hombre llenas de ilusiones! ¡Le han entregado todo lo que son a ese ídolo-hombre, su cuerpo, sus hijos, sus fuerzas, su tiempo, sus planes, su reputación! Pero ve mujer, ve la balanza y ve que absolutamente NADA has ganado de todo eso. Al contrario, cada vez caes más profundo. Si ese hombre ni siquiera te ha propuesto matrimonio, si ni siquiera quiere hablar de compromisos permanentes contigo, acéptalo, NO te ama. Está abusando de ti. Hoy no te rentan una casa si no firmas un contrato o un pagaré. Hay mucha desconfianza. Pero los hombres no están dispuestos a firmar un pacto público donde se compromete a ser tu protector y tu compañero fiel. No te ama. No te ha dado tu lugar, y tú lo has permitido. Y aquellas casadas, dime, ¿eres feliz detrás de esa apariencia? ¿Cómo puedes seguir siendo cómplice de la desgracia de tus hijas? ¿Cómo puedes seguir solapando las humillaciones que le hace tu marido a tu hijo? Primeramente, te olvidaste de ti misma. Por temor al qué dirán, por temor quizás a quedarte sola, por temor a fallar otra vez en una relación, empezaste a permitir pequeñas injusticias. Al principio te sentías mal, realmente te dolía ver que tu marido te hablara de esa manera y que les gritara tan fuerte a tus hijos. Tu conciencia te indicaba que eso no era lo correcto. Pero no actuaste, te fue más fuerte tu sentimiento egoísta que el dolor de tus hijos. Seguiste permitiendo que tu esposo se comportara como un macho en casa. Y ya no sólo fueron palabras, luego subió de tono la agresión. Empezaron los aspavientos, las griterías en casa, el aventar cosas, los empujones, las humillaciones públicas, incluso la intimidad fue diferente. Hasta la próxima. redescubriendo@hotmail.com