La muerte de un hijo es el dolor más grandees espantoso, es terrible, es un calabozo
Mientras la señora Yuyu Mercado habla, todo es silencio en el domicilio de Paraíso 230, en la colonia San Juan.
En ese lugar, todos los jueves de 7:30 a nueve de la noche se reúnen padres de familia que han formado el grupo de autoayuda Tu dolor es mi dolor, especialmente para quienes sufren la muerte de un hijo.
Hace dos años y medio, Yuyu Mercado perdió a su hijo Luis Ramón Estrada Mercado, de 27 años, veterinario que se preparaba para estudiar un doctorado en España o Estados Unidos. Había ido de vacaciones a Mazatlán, con unos amigos, y en un hotel sufrió bronco aspiración.
Yuyu Mercado dice que desde entonces su vida no es la misma. Hace dos semanas se sentía súper bien, y unos días después parecía ahogarse con un dolor atorado en el pecho que le impedía gritar. Y llorar a gritos era lo que ella quería
ADÁN
Yo hubiera querido que a mi hijo lo mataran como están matando ahorita: rápido, con muchos balazospero no, lo hicieron sufrir mucho. Lo ‘levantaron’, lo asfixiaron. No tenía un solo balazo en el cuerpo.
El hijo de Adán Guerra era Policía Judicial Federal y trabajaba en el estado de Jalisco.
Yo ni a mi peor enemigo le deseo que se le muera un hijo. Nunca se espera la muerte de un hijo antes que la de uno. Es algo que no se olvida. Si no hubiéramos venido a este grupo, yo creo que mi mujer se hubiera vuelto loca. Aquí hemos encontrado una familia que nos ayuda a convivir con este dolor, a sobrevivir. Cojeamos del mismo pie y aquí venimos a lamernos las heridas, a hablar, a llorar
CONCHITA
El próximo diciembre se cumplirán tres años que la joven Alejandra, hija de Conchita Rodríguez, fue atropellada. Los últimos días del 2007 estuvo internada en el ISSSTE. Alejandra murió en enero del 2008 y Conchita también sentía morirse. Se aferró a sus otros dos hijos para soportar el dolor.
Yo creí que nunca volvería a oír canciones, sobre todo las canciones que le gustaban a mi hija, y hoy puedo hacerlo, y es algo que duele mucho. Creí que nunca iría a una fiesta ni a bailar. Cuando muere un hijo ya no somos los mismos de antes. Duele hasta respirar, pero aquí vamos, llorando y caminando
Conchita es una de las fundadoras del grupo Tu dolor es mi dolor, un lugar al que bien define como un espacio seguro en el que se puede recordar, hablar, llorar, y en el que se puede entender por lo que un padre o una madre está atravesando.
MARÍA DE LA LUZ
¿Se imaginan cómo son mis navidades?, pregunta la señora María de la Luz Jiménez de Castrejón, enfermera jubilada.
Su hija Yudith tenía 22 años cuando se suicidó el 23 de diciembre del 2008.
¡Yo me estaba muriendo!...yo antes tenía muchos amigos, y los amigos se alejan cuando finaliza el novenario. Yo voy a continuar en este grupo porque me ayuda a sacar el duelo, aquí me siento a gusto porque hablamos el mismo idioma.
Al hijo que muere vivimos recordándolo a cada momento, todo el día lo traes metido en tu corazón y su muerte no la vamos a entender nunca. Si era simplemente su momento, si se nos adelantaron. A veces me pregunto por qué estoy viviendo
EL GRUPO
Los integrantes de Tu dolor es mi dolor aceptaron que este reportero estuviera en una de las reuniones en las que hablan de lo más íntimo de ellos: la pérdida de un hijo. El jueves 14 acudieron 13 personas, 10 mujeres y tres hombres.
Hubo asistentes que prefirieron no tomar la palabra, evidentemente conmovidos por el relato de sus amigos y amigas.
Sin embargo, todos coincidieron que acudir al grupo es lo mejor que pudieron haber hecho, porque es el lugar propicio para el desahogo de sus sentimientos y por el entendimiento de quienes los escuchan.
Aclaran que Tu dolor es mi dolor no tiene más interés que el de apoyar a padres y madres que han perdido a un hijo.
Explican que el vivir un suceso tan doloroso les ha mostrado distintos aspectos, incluso graves, de la sociedad.
Nos enseñan a no llorar cuando el llanto ayuda al dolor. Casi nunca se trabaja el duelo. No se sabe entender la pena, no hay amigos que sepan oír, escuchar. Lo peor que te pueden decir es que ya no llores. Es necesario llorar, hablar.
Coinciden en que basta un fuerte abrazo de alguna persona, en lugar de que haya cuestionamientos sobre cómo falleció el familiar.
Recuerda una de las madres ahí presentes:
Yo no podía ni hablar, y había quiénes me preguntaban cómo pasó, cuándo, por qué. Es algo cruel responder esas preguntas.
Otra madre apunta:
A través de mi testimonio creo que he ayudado a otras compañeras para que vengan a compartir con nosotros.
El grupo de autoayuda recibe asesoría de distintos especialistas, como psicólogos, psiquiatras, tanatólogos, entre otros, aunque mantiene la idea de continuar básicamente con los testimonios y el seguimiento de cada padre o madre.
También consultan lecturas especiales sobre el tema que ofrecen recomendaciones, como el de acudir precisamente a grupos de autoayuda, o a reconocer la pérdida, a entenderla y a aceptarla. Es decir, vivir la realidad, por dolorosa que sea.
Igualmente se pide iniciar tareas que sean gratificantes, como plantar un árbol o ayudar a niños pobres.
Por el contrario, no se recomienda la autocompasión y, en parejas jóvenes, no ponerle a un hijo el mismo nombre del que ya murió.
Una madre de familia expone que ha dividido su proceso en tres etapas. Primero, a cómo sobrevivir frente a la muerte de un hijo; después, a cómo vivir sin él; y tercero, a cómo planear su vida.
Tu dolor es mi dolor le ha ayudado a enfrentar todo ello. Incluso a soportar lo inoportuno de muchos cuestionamientos sobre el deceso de su hijo.
Los integrantes del grupo ofrecen más información en los teléfonos 2107499, y en el celular 311-1278089. Su única intención, coinciden, es ayudar a quienes perdieron a un hijo.
La sesión del jueves 14 terminó minutos después de las nueve de la noche. Las sillas acomodadas en ovalo vuelven a ser guardadas. Sobre una mesa hay té.
En una especie de pizarrón están pegadas las fotos de los hijos fallecidos.