Por: Miguel Ángel Casillas Barajas

En veces uno se relaciona casi por accidente con personajes del pueblo, que te encuentras en el largo del camino de la vida, en los diversos lugares que recorres, ya sea en una oficina pública, en la calle, en los negocios o a donde acudimos cotidianamente a realizar algunas compras, así es como conocí a esa familia de personajes del pueblo dedicados a la actividad de venta de frutas frescas en un puesto en el mercado de abastos, de esta ciudad

Don Moisés tenía cuatro hijos, y precisamente uno de los mayores presentaba el síndrome de Down y al que cariñosamente le decíamos todos: EL PEQUEÑO MOE, (el apodo provenía de su nombre de cuna: Moisés). Moe, era un joven de aprox. 1.95 m de altura y de complexión muy robusta, acostumbrado a cargar cajas y mas cajas de frutas y verduras sin descanso, de acuerdo a como lo requería la propia actividad del negocio de Don Moisés, que era muy socorrido por su clientela habitual y aparte se esto, todavía se daba el tiempo necesario para surtir su mercancía a los restaurantes mas reconocidos de esta capital.

Los mismos trabajadores del mercado atestiguaban haber visto en muchas ocasiones y a altas horas de la noche a una robusta figura que entre penumbras descargaba solo, un camión de naranja, y en otras ocasiones bajando hasta de a tres pesadas cajas de frutas a la vez, adormiladas como muñecas en sus fornidos brazos, tal si se tratara de pequeñas cajitas de cereal.

Vaya pues, había crecido a tal grado su fama entre la palomilla del mercado de ser uno de los jóvenes mas longos y fuertes del lugar, que ellos mismos lo azuzaban para enfrentarlo por las noches, en reñidas peleas callejeras de lucha libre con apuestas y toda la cosa, contra diversos gallitos espontáneos que brincaban a su corral de su misma corpulencia y peso, provenientes de otras latitudes del país, a los que vencía con relativa facilidad debido a su descomunal fuerza que estaba considerada muy por arriba del nivel de cualquier otro ser humano de su misma complexión atlética.

Así estuvo sobrellevando su vida El pequeño Moe, hasta que un día se decidió por buscar nuevos derroteros y mejores condiciones de vida, se embarcó en un tráiler como ayudante y partió a los Estado Unidos, pese a su síndrome, Moe, se sentía con la seguridad y confianza de poder sobresalir y destacar en la unión americana. El tiempo paso, y varios años después regreso nuevamente a la tierra que lo vio nacer, pero ahora, como un gran triunfador de lucha libre de los barrios bajos del hampa neoyorkino ubicados en el mero corazón del Bronx.

La toma de asteroides anabólicos y otros complementos alimenticios habían transformado su masa muscular a la de un gladiador de la WWE, o sea, ya era una maquina acondicionada para la lucha libre. Que por lo pronto, este cambio de estructura corpórea a él le vino muy bien y la aprovecho a las mil maravillas para sacarle jugo y darle a ganar muchos dólares, mas de lo que ningún mortal pudiera haberse imaginado de un ser humano que estaba prácticamente mermado de sus atribuciones físicas y mentales.

Un día lluvioso, estando de vacaciones en esta ciudad el destino puso a prueba su descomunal fuerza. Cuando Don Moisés cambiaba una llanta de un camión rabón, este, se le cayó encima al resbalarse el gato, y un fierro pesado de la misma carrocería vino a recargarse en el tórax de Don Moisés dejándolo prácticamente atrapado y sin respiración, pero además, con la pesada mole de fierro encima. El pequeño Moe que en esos momentos se encontraba de visita en el negocio, ni tardo ni perezoso corrió hacia él y haciendo acopio de todas sus fuerzas hasta ponerse rojo como un jitomate, levantó el pesado camión de la parte trasera y rescato sano y salvo a Don Moisés.

Sin embargo, Ese esfuerzo supremo realizado por el muchacho, tuvo consecuencias funestas al ocasionarle un derrame cerebral, que a los días lo puso en estado de coma, y poco después, sobrevino el fatal desenlace del heroico chico, dejando en la orfandad a sus tres pequeños hijos, y a uno de ellos desafortunadamente con el mismo síndrome de Down.

A los pocos días de su fallecimiento, Don Moisés en compañía de toda la familia Moe, se trasladó a Tijuana donde adquirió una flotilla de camiones para seguir comercializando la naranja a diversos puntos de la republica mexicana incluyendo Tepic. Aunque lo hacía más bien como deporte porque su hijo habría dejado un seguro de vida por varios miles de dólares, con el que aseguraba su futuro y el de toda la familia, incluyendo a la esposa del joven gladiador y a sus retoños.

En fin, la lección que nos deja este gran ser humano que conocí en mi niñez, es que todos podemos superar las adversidades que nos presenta la vida, aunque sea cierto que para algunos, pareciera que los vientos corren todo el tiempo en reversa, pero como buenos marinos, debemos arriar las velas al máximo para capotear con decisión y valentía todas las tempestades, como lo hizo en su momento, el buen Moe, a quien recuerdo con mucho agrado y cariño como el ser humano ejemplar, luchador tenaz, que supo sobreponerse con agallas a todas las adversidades inimaginables de la vida.