ÓSCAR VERDÍN CAMACHO.-

Después de la matanza de ocho agentes federales y muchos más heridos, ocurrida el sábado 18, durante una emboscada que pretendía la liberación de un grupo de reos de alta peligrosidad que eran trasladados al penal federal El Rincón, queda la sensación de que probablemente no sea el último tiroteo de ese tipo que ocurra en la entidad.

Queda la sensación de que cada día arribarán ya no sólo de reos de importantes bandas del crimen organizado, sino lo que ello mismo atrae.

Y es que el penal federal El Rincón no sólo nos está dejando la presencia de esas personas detenidas, llámense como se llamen o pertenezcan a tal o cual banda, sino, por simple lógica, al estar recluidos aquí ello evidentemente genera más movimientos a su alrededor natural, desde la presencia de sus respectivas familias que, es de suponer, arriban custodiadas de importante seguridad.

Así, podría venirse el aumento de renta o compra de casas por parte de esas familias para estar más cerca de sus parientes presos. Y, por consecuencia, con el paso del tiempo muchas de esas gentes terminarán quedándose en la entidad por alguna u otra razón. Que ya los hijos se casaron aquí, que ya les gustó la ciudad y la cercanía con el mar o, por paradójico que parezca…que les atrae la tranquilidad de Tepic en comparación a otras ciudades.

Por otra parte, el anuncio, confirmado por el procurador General de Justicia Héctor Manuel Béjar Fonseca en el sentido de que han arribado a la ciudad al menos 200 elementos más de la Policía Federal, para fortalecer la vigilancia, ilustra lo delicado de la situación.

Se trata, sencillamente, de más gente armada, necesaria en este momento, pero finalmente nada para tranquilizar.

Y es que de un jalón, que inició básicamente el año pasado, nos estamos llenando de gente armada, lo que genera más inquietud. Más miedo.

Sobre lo ocurrido el sábado 18, estábamos acostumbrados a oír que ocurría en otros estados, pero no aquí.

Esa mancha que recorre el país ya nos alcanzó.

Nada bueno.