En el último año, al menos 10 potenciales donadores de órganos, de donación de cadáver, no se lograron conseguir.
De hecho, en más de un año no se ha tenido una sola donación de cadáver en el estado, es decir, de pacientes que, generalmente a raíz de accidentes vehiculares, sufren muerte cerebral pero sus cuerpos son mantenidos vivos un tiempo con la ayuda de aparatos.
España es el país en el mundo donde más se donan órganos: 40 por cada millón de habitantes; en México: tres por cada millón. Y en el caso de Nayarit, el número ha estado debajo de ese promedio.
Águeda Durán Covarrubias es coordinadora estatal de transplantes. Explica que el acercamiento con familiares del paciente con muerte cerebral es un proceso delicado, por lo que se debe tener una capacitación para saber entender por lo que están pasando estas personas.
Hay un duelo, tienen coraje, coraje con la vida porque un hijo, un hermano joven está muriendo. Y también tienen la esperanza de que se recuperen, aunque los médicos concluyan que hay muerte cerebral. Uno apela a la voluntad, a la generosidad de las personas.
De acuerdo con Durán Covarrubias, generalmente una mala entrevista con los familiares del paciente, por personal no capacitado, puede echar abajo la potencial donación.
Otras ocasiones hay diferentes opiniones en las familias. Hace unos meses, por ejemplo, la mamá de un muchacho con muerte cerebral –había recibido un balazo en la cabeza- estuvo de acuerdo con la donación, pero su esposa no, por lo que no se consiguieron los órganos.
Hay quienes apelan a cuestiones de religión, citando que prefieren que los cuerpos de sus familiares vayan completos con Dios.
ENFRENTAR LA REALIDAD
Teresa Martínez Martínez es psicóloga que trabaja con pacientes con insuficiencia renal crónica, muchos de los cuales reciben tratamiento de diálisis o de hemodiálisis. Algunos cumplen con el protocolo y esperan con ansias la donación de cadáver. Pero hay quienes mueren en la espera.
La psicóloga de la Secretaría de Salud ha estudiado el comportamiento de los pacientes y, explica, en lo general presentan una agresión velada, pasiva, hacia lo interno.
Hay una resistencia; dicen que estaban bien y no se explican por qué ahora están mal. Les cuesta la aceptación de la realidad. Yo les ayudo en ese proceso, para que tengan más calidad de vida.
Martínez señala que las personas de edad avanzada sufren más ese proceso de adaptación, mientras que hay jóvenes que lo aceptan rápidamente.
Hay quienes, además, aún sabiendo que padecían diabetes no se cuidaron, sobre todo en su alimentación, por lo que la afectación en sus riñones fue inevitable.
Hay enojo en ellos, hay quienes creen que puede tratarse de brujería, hay quienes culpan a otros de su padecimiento y hay quienes se aferran a Dios.
Por otra parte, los pacientes que toman conciencia de la enfermedad, logran un mejor nivel de vida y hacen sus ocupaciones prácticamente de manera normal.
Llama la atención de la profesionista que aproximadamente un 70 por ciento de los pacientes son hombres y el resto mujeres.
En el caso de los varones, si son el único sostén de la familia, les preocupa no poder trabajar o tienen miedo al rechazo donde laboran.
JUANITA
Juana Isabel Ramos González, mejor conocida como Juanita, recuerda que lloró muchísimo cuando, con un riñón ya transplantado en su cuerpo, debía volver a orinar y no podía. Había transcurrido mucho tiempo desde la última vez que lo hizo y ahora sufría.
De 24 años, Juanita es toda sonrisa. Fue transplantada el uno de octubre del 2007, en el Hospital General de Tepic.
Mi vida cambió totalmente, ahora veo la vida con más responsabilidad. Estoy feliz. Ojalá la gente no tenga miedo a la donación de órganos. Existe la vida después de la muerte y yo soy una de ellas, gracias a la bondad de la gente que me donó el riñón. Toda la vida estaré agradecida con esta familia.
Juanita narra todo, con detalle, esperando que su historia ayude a motivar la donación de órganos.
Tenía 17 años cuando enfermó. Inició con náuseas y vómito. Los estudios arrojaron insuficiencia renal e inició el tratamiento. Fue una terrible noticia para ella y su familia, pero además porque, señala, nunca había sido dada a consumir alimentos enlatados y cosas similares. Ni siquiera refresco tomaba.
En su familia nadie fue compatible para donarle un riñón, por lo que entró a una lista de espera de donación de cadáver.
Recuerda sus miedos, el horror cuando supo que le pondrían un catéter para la administración de la diálisis. Dice que una amplia explicación de la señora Charo me ayudó muchísimo. Fue al hospital para tranquilizarme y me explicó todo el proceso, cómo iba a ser esto.
Juanita labora actualmente en el DIF estatal, en tareas de gestoría y logística, cerca de la presidenta de esa institución, Rosario Mejía.
No fueron pocas las ocasiones que Juanita Ramos estuvo en terapia intensiva y varias, también, las que sintió que moría. Llegó a pedir que ya la dejaran descansar.
Pero el 30 de septiembre del 2007 fue avisada que había un potencial donador, un joven que sufrió un accidente de tránsito y tenía muerte cerebral. Ese día, toda su familia se reunió. Así, mientras la familia del muchacho enfrentaba el dolor por la pérdida, Juanita pasaba la última noche conectada a la máquina de diálisis.
El uno de octubre, Juanita fue a la iglesia Del Carmen. Me despedí de mi máquina y le pedí a Dios que me ayudara, me puse en sus manos, señala entre lágrimas.
Esa noche conoció a todo el personal médico que participaría en el transplante del riñón. Y luego la sedaron. Despertó antes del amanecer. Recuerda que a la primera que vio, a través de los cristales de un área aislada, fue a su hermana Lucía, que en un papel le escribió cuanto la quería.
Lucía acababa de llegar de lejos para estar cerca de ella.
Luego de haber sido dada de alta, Juanita permaneció dos meses sin salir de su recámara. Y cuando pudo salir, estuvo otros dos meses dentro de su casa. Había que evitar cualquier tipo de infección que afectara el riñón donado.
El primer día que se le permitió estar en la calle, Juanita pidió ir al templo del Pichón, a dar gracias a la Virgen de Guadalupe.
Dice que sigue usando cubre boca cuando está en lugares concurridos. Y afirma que continúa ayudando cuanto puede a pacientes con insuficiencia renal o que están en espera de donación, y es una promotora de ese tema.
Explica que hay una hermandad grande en quienes padecen insuficiencia renal, por lo que se apoyan mutuamente para intercambiar medicamentos cuando a alguien le faltan, puesto que son caros.
En la donación de cadáver, se recomienda que la familia del donador no conozca a la persona que recibe el órgano.
Juanita afirma que ha estado tentada a ir en busca de la familia del donador para decirles que en ella vive una parte del ser que ellos perdieron, y para agradecerles infinitamente el gesto que tuvieron y que le cambió la vida.
Delgada, Juanita es una muchacha altísima: mide un metro con 77 centímetros. Y no se detiene: va de aquí para allá rápidamente, casi corriendo.