Sollozando, visiblemente aterrado, llegó corriendo donde estaban los Polimunicipales, y dejando escuchar su miedo exclamó ¡vengan, mi papá le está pegando a mi mamá!, ¡por favor!.

Acabábamos de platicar en entrevista con Edgar Veytia, Secretario de Seguridad Pública Tránsito y Vialidad Municipal, cuando me alarmó el movimiento que veía; aún sin entender lo que pasaba, pregunté a dos compañeros qué sucedía, y sólo atinaron a decirme que un niño había llegado corriendo con los policías solicitando apoyo. De inmediato, nos lanzamos a ver qué veíamos, qué estaba pasando. A la vuelta del edificio, a unos cuantos pasos de las instalaciones de Seguridad Pública Municipal de Tepic, en la finca marcada con el número 425 de la calle San Luis norte ya se encontraban dos Agentes de la Policía Municipal llamando: Señora, buenas tardes, pero nadie salía.

La puerta que se observa atravesando un pequeño pasillo al lado de la cochera, estaba abierta. El pequeñito, aún con la caja de la película infantil en mano, aún sollozando, se hizo a un lado, como permitiendo que personas adultas entraran a salvar a su mami Tomé la única moneda que traía en mis bolsillos y con ella toqué el cancel de manera insistente.

Al cabo de diez segundos, apareció una mujer, un ama de casa que a pesar de su estado emocional y su desarreglo personal por los golpes físicos recibidos hacía unos instantes, podría decirse que se trataba de una mujer leída y escribéida, en una posición socioeconómica de media a media alta. No era necesario preguntarle si la habían golpeado o si tenía problemas con su marido; era evidente que estaba siendo víctima de la Violencia Intrafamiliar.

Sí, díganme, ¿Qué pasó?, preguntó a dos agentes de la policía municipal y a un servidor que se hallaba junto a éstos, tratando de contener el llanto, limpiándose lágrimas que de sus ojos no dejaban de brotar resbalando por sus mejillas y cuello.

¿Tiene algún problema, señora?, le cuestionaron los gendarmes, y ella, tratando de ocultar el golpe en su ojo izquierdo y queriendo tener más manos para también evitar que viéramos en su cuello las marcas que en cuestión de horas o días se borrarán por ser producto de la violencia física, pero que de su mente quizás jamás sean borradas; marcas que su marido le había dejado y que muy probablemente el pequeñito de escasos 7 años de edad había visto minutos antes y por supuesto que no quería volver a ver jamás, pero que ahí estaban, cual mudo testigo de lo que pasó y nunca debió haber pasado

No, todo está bien, ¡gracias! murmuró la mujer, mientras que su pequeño y valiente retoño la abrazaba.

Su niño nos dijo que había problemas, y estamos aquí para ayudarla si usted así lo desea, insistieron los Polimunicipales con la impotencia de no poder entrar al domicilio porque podrían ser acusados por allanamiento de morada, y otros delitos que se le ocurrieran al Señor de la Casa, quien por cobardía nunca asomó ni la nariz, mucho menos dio la cara, quizás porque sea candil de la calle y oscuridad de su casa; o bien, porque en su casa es Muy Macho, pero no lo es en la calle.

Es sólo un pleito, pero no pasa nada, de verdad gracias, dijo la abnegada mujer, al mismo tiempo que bajaba su mirada hacia el lado izquierdo, donde se hallaba su pequeño hijo, quizás de manera inquisitoria, o quizás con la impotencia de no saber qué hacer, cómo actuar; si correr hacia la calle donde se le ofrecía seguridad, o volver al interior de su seudohogar donde estaba el Macho Marido dispuesto a seguirle demostrando su cariñoso puño.

Impotentes, los agentes municipales caminaron unos pasos de vuelta a su base. Sólo bastaron dos y medio minutillos para que de esa casa volvieran a escucharse gritos que trataron de confundirse con el ruido producto del aceleradón que daba un viejo camión. De inmediato se solicitó la presencia de los agentes, pero ya no quisieron volver a donde no querían ni su presencia ni su ayuda

DIF TEPIC, ¿ACTUARÁ?

Fue entonces que se hizo una llamada al celular de la Directora del DIF-Tepic, quien luego de explicar que sí podían actuar, lo harían a la brevedad posible. Mediante un mensaje vía celular, se le hicieron llegar los datos de la vivienda, esperando que cumplieran con el compromiso de acudir al lugar, acompañados de personal del área Jurídica, Psicólogo y Trabajadoras Sociales para que le presten atención inmediata al menor, que lo alejen del entorno y seno familiar que sin duda alguna dejará secuelas en su personalidad, huellas imborrables que si son bien canalizadas servirán para que cuando forme un hogar, éste sea sin la presencia de la Violencia Familiar; pero si no se canalizan adecuadamente, entonces seguramente se convertirá en un Macho Marido como si no hubiera suficientes en nuestra sociedad mexicana.

Un breve sondeo que realizamos con algunas mujeres, la mayoría atinó a decir que sí habría aceptado la ayuda que le ofrecían, y que solicitarían a las autoridades que el autor de sus golpes físicos y emocionales, ese mismo que ante el Altar le juró respetarla y amarla en la salud y en la adversidad, recibiera el castigo de las autoridades correspondientes.

A la pregunta de que si una vez estando encerrado su marido, le concederían el perdón para que recobrara la libertad, el mismo porcentaje dijo que no, pues no querrían correr el riesgo de que volviera a golpearlas.

EL VIVO EJEMPLO

Y ahí mismo, un funcionario municipal, varón, emitió una opinión que nos dejó más que sorprendidos. Resulta que en la Secretaría de Seguridad Pública Municipal labora como agente una mujer, cuyo marido ha ido a su centro de trabajo y no precisamente a llevarle algo de comer para que se aminore la carga de su trabajo, de su cumplimiento del deber la visita para darle sus buenos catorrazos y obvio es que sus mismos compañeros se lo quitan de encima, lo encierran por lesiones y alterar el orden público y cuando está a punto de ser trasladado para ser consignado por los delitos contra la persona de la Agente Municipal, ésta simple y llanamente le otorga el perdón, cuando tiene dinero cubre la multa administrativa y si no cuenta con dinero, seguramente busca que le condonen este pago, se lleva a casa a su agresor con la promesa de que no volverá a pasar. Pero el círculo vicioso cumple su ciclo y el Macho Marido vuelve a la cargada una y otra vez

Luego entonces, surge la duda que si como funcionario municipal y específicamente obligada a guardar el orden público, esta mujer policía ¿se ha olvidado de su promesa de cumplir y hacer cumplir las leyes y reglamentos?

Independientemente de su vida privada, que obviamente se respeta, consideramos que por ser un representante de la Ley en el municipio de Tepic, debe predicar con el ejemplo; si permite que su marido no la respete, ¿podrá exigir que el pueblo sí lo haga? ¿Y su dignidad como ser humano, debe ser pisoteada por ser mujer?

Creemos que no hay razones sociales, culturales, religiosas, económicas o familiares que justifiquen este tipo de bajezas. La Violencia Intrafamiliar no se combate con pláticas o talleres; se debe actuar y los únicos que deben hacerlo son los directa e indirectamente afectados, ¿o qué no?

**MIEMBRO FUNDADOR DE FRECONAY, A.C.**

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