Por Óscar Verdín Camacho
Tepic.- Para un grupo de jóvenes no importa que haya mecates preventivos afuera de una casa que amenaza con derrumbarse, por la calle San Luis, justo donde topa la Amado Nervo. Los muchachos cruzan sin pendiente las líneas preventivas.
Se trata de una entre decenas de fincas viejas ubicadas en el centro de Tepic y que representan un serio peligro para los peatones, principalmente durante la época de lluvias que ya inició.
Otro inmueble, que ya no cuenta con techo, en serio peligro de caer se encuentra en la esquina de Lerdo y Zacatecas, a unos metros de la plaza Antigua donde hay una parada de minibús.
Anteriormente, alrededor de esas altas paredes viejas, de adobe, fue colocada una malla que llegaba a la banqueta para evitar que la gente se acercara, sin embargo fue retirada y ahora la malla está junto a la pared. Hay un riesgo permanente de que personas sean aplastadas si la construcción antigua se viene abajo.
El caso de estos inmuebles, que están protegidos por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y otros por la Secretaría de Obras Públicas estatal, representa un problema social, puesto que por una parte hay oposición para que sean demolidos, pero por el otro siempre estará latente el riesgo de que lesionen o causen la muerte a personas.
Érick Jiménez, coordinador de inspecciones de Protección Civil del Ayuntamiento de Tepic, explica que durante la administración municipal pasada se hizo un esfuerzo por localizar a los propietarios de esas fincas, puesto que están abandonadas, y se les pidió, en los casos más graves, que las tumbaran, sin embargo el INAH se opuso argumentando que se trata de monumentos históricos de la ciudad.
El INAH, añade Érick Jiménez, quiere que esas propiedades sean restauradas por sus dueños, pero muchas veces es caro y no tienen dinero, o bien preferirían utilizar la propiedad en un giro comercial.
Entendemos que los arquitectos del INAH analizan las cosas desde el punto de vista histórico, y que nosotros lo vemos para preservar la seguridad de la gente. Pero tenemos que buscar acuerdos para evitar accidentes.
PRIMERO NOS MORIMOS
Sin embargo, puesto que nadie puede obligar a los dueños de esas fincas a restaurarlas, simplemente esperan el paso del tiempo para que caigan.
Hace años, por ejemplo, fue del dominio público la intervención del INAH para frenar una obra en el inmueble de Zacatecas y Lerdo, además de que sus oficinas están a media cuadra de distancia. La finca continúa de pie, aunque con un riesgo latente para quienes pasan por ahí.
Con una experiencia de 10 años en Protección Civil, Jiménez recuerda una anécdota que tuvo con un arquitecto del INAH, a quien le advirtió que una barda ubicada por calle Zapata, entre México y Zacatecas, se vendría abajo.
No se cae. Primero nos morimos tú y yo, le respondió el perito de Antropología e Historia.
Unos días después, el bardonón cayó.
En cuanto supe, le hablé por teléfono al arquitecto para saber si seguía vivo. Medio se molestó, pero quería insistirle del peligro que representan esas construcciones.
Precisamente el Ayuntamiento de Tepic ha colocado señales en tales inmuebles que anuncian la categoría del peligro que tienen. Un triángulo en color rojo se refiere a riesgo inminente, el de color amarillo significa que la finca todavía aguanta, y el azul, que no hay peligro.
Uno de esos avisos se encuentra en una casa por calle Zacatecas, a espaldas de Catedral. Casi no se ve, pues está como a tres metros de altura. Más abajo hay un anuncio del INAH, enmohecido, que dice:
Este edificio se encuentra registrado en el catálogo de monumentos históricos de Tepic, toda obra de remodelación o restauración deberá contar con la autorización del Instituto Nacional de Antropología e Historia, y de la dirección de Obras Públicas del municipio.
De acuerdo con Érick Jiménez, a lo más que cede el INAH es que algunas bardas sean bajadas de altura, pero no la demolición.