Para el psiquiatra José Antonio Palacios Isaac, quien labora de cerca con personas de la tercera edad en el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM), hay dos situaciones que frecuentemente aquejan a los ancianos: la tristeza y la soledad.

Así lo explica:

Lo que más se encuentra es tristeza, aunado a la soledad, al abandono familiar. Aun cuando tengan familia, los ancianos se sienten abandonados, es lo que se llama desarraigo familiar, no se les da el tiempo de atención necesario. Hay gente que va a ver a su papá, a su mamá, una vez a la semana, o cada mes, o inclusive rara vez van.

Otro punto que impacta a los adultos mayores, señala el especialista, es el relacionado con el dinero. Cada cual, jubilados, pensionados, y los que no tienen ni uno ni otro.

Es otro factor donde hace falta el apoyo familiar; hay gente que con la pensión apenas come, pero los más no reciben nada, pienso que son como un 60 por ciento. Es vital la corresponsabilidad de los hijos, de devolver a los padres la atención que tuvieron hacia nosotros cuando nos formaron.

HISTORIAS DIARIAS

Adultos que trabajan, ancianos muchos de ellos, se han convertido en parte diaria de las calles del centro de Tepic. Y a veces parece que no los vemos.

Don Ignacio oye poco y ve poco. De complexión muy delgada, no recuerda su fecha de nacimiento pero asegura que tiene 100 años.

Casi todos los días por la mañana, ayudándose con un bordón, llega a unos escalones por la calle Amado Nervo, a unos metros de la esquina con Zacatecas, a un costado de Catedral. Durante horas, con un sartén en la mano, recibe monedas. Ahí come cuando el hambre se presenta. Después del mediodía se levanta y camina unas cuadras para tomar un camión que lo lleva de regreso a su pueblo, cercano a Tepic.

Se mueve solo. Le busca a la vida.

Tuvo ocho hijos, cuatro de los cuales ya murieron. De los otros, sólo una mujer le presta atención. Para acabarla de amolar, ha tenido dificultades con uno de sus nietos.

¡Ahí va la perra!, oyó gritar Rafael hace unos 12 años, cuando él y otros trabajadores descargaban un tráiler de cemento. Era albañil. La perra era el último saco del tráiler que se le dejó caer con fuerza en los hombros.

Aquel día, Rafael, ahora de 64 años, lo recuerda como el inicio de sus males, en especial por los frecuentes dolores de rodilla que padece. No recibe pensión alguna. Se cayó hace unas semanas y un médico del Centro de Salud le pidió que guardara reposo, pero no puede. Tiene que salir a trabajar, en un oficio que aprendió hace años: toca la guitarra y canta.

Rafael vive con una de sus hijas que, lamenta, está enferma de los riñones. Cantando gana en promedio de 70 a 80 pesos diarios.

¡Arranca callooossss, mezquinoosss!, grita Jesús, en silla de ruedas, en la calle Puebla casi esquina con Morelos. Al lado tiene un puño de frascos con el producto para acabar con callos y mezquinos.

Relata que fue fotógrafo hace muchos años, e incluso laboró en algunos medios de comunicación. Padece diabetes desde hace 18 años. Se le nota duro con la vida. Pero en fin, Dios aprieta, pero no ahorca, comenta.

SENTIRSE ÚTIL

Titular del INAPAM, Olegaria Peña Sandoval cuenta que al estar en contacto diario con los adultos mayores, ha visto de todo: personas que ahí se conocieron, separados cada cual o en viudez, y que decidieron hacer vida juntos. O mujeres que a lo largo de su vida tuvieron esposos machistas, y que ahí volvieron a darse tiempo para ellas.

La mayoría de los adultos mayores, por los mismos años, nos vamos sintiendo solos. En la actualidad todo mundo trabaja y ya no nos pueden estar atendiendo. Muchas veces los hijos te necesitan para que los apoyes a cuidar los nietos. Te conviertes en la madre de esos nietos, no en la abuela. Eres la abuelita alcahueta. No es el mismo trato con los hijos.

Las abuelitas no hayan cómo quedar bien con los nietos y es una forma en que la gente adulta se siente útil, que se está en edad de dar, que estás desquitando lo que estás comiendo. No es lo mismo que te digan ya no barras, ya no sacudas porque no queda bien, mejor ahí deja’. En esos casos van dejando al adulto mayor sin actividades y uno se siente inútil, extraño en su propia familia.

De acuerdo con Olegaria Peña, ex diputada local por el PRI, el INAPAM ofrece actividades que van desde natación, gimnasia, computación, manualidades, dominó, cachibol...

Aquí he aprendido muchas cosas por boca de ellos mismos. Mujeres que estuvieron casadas que nunca se maquillaron porque su marido no las dejaba ni voltear a ver. Es cierto que le siguen llorando pero ahora se sienten libres y lo disfrutan. Se sienten renacidas.

Muchos de quienes vienen se han vuelto a casar; llegaron viudos, divorciados, y al rato encuentran su media naranja. Yo platico con ellos y les pido que esto no se convierta en un asunto de conveniencia, que no los unan las necesidades de cada uno, como eso de yo ocupo quien me lave la ropa y encuentro una gata’.

Bien dicen que para el amor no hay viveza, mete uno la pata de joven que de viejo.

En el INAPAM, cuenta Olegaria Peña, se creó una especie de bolsa de trabajo a través de la cual se canalizan personas mayores para que trabajen como cerillitos en centros comerciales como Ley y Soriana. Pide que personas que quieran contratar adultos mayores para alguna actividad, se acerquen y ahí se les recomendará gente con preparación y seriedad.

- Hay muchos adultos que tienen pensión o jubilación, pero otros nada.

- Las pensiones son de mil o mil 200 pesos al mes y todavía hay familiares que esa pensión se la quitan y se la friegan.

- ¿Hay una deuda social de los gobiernos?.

- Hay una deuda de todos, incluyéndonos nosotros; cuando estamos jóvenes pensamos que nunca vamos a envejecer, perdemos oportunidades de trabajo, hay jóvenes que dicen que no les gusta que los manden y prefieren trabajar por su cuenta. Y resulta que el día que llovió o que te enfermaste no ganas, y que el día que te hiciste viejo menos, porque ya no te compran, porque ya no te bañas y porque el negocio ya no es lo mismo. Conozco gente que tuvo la oportunidad de estar bien ahorita y que no tiene ni para una receta, porque malgastaron y nunca les dio por tener siquiera una casa...