Por: Miguel Angel Casillas Barajas


Era una mañana fresca del mes de mayo cuando en mi diario deambular por las calles del centro de la ciudad de Tepic me topé con una casa colonial antigua en la que en una de sus ventanas, estaba sentada una bella niña de escasos 8 meses de edad, que sonreía a todos con su carita angelical.

Lo que llamó mi atención es que alrededor de la niña estaban también tres pequeñas macetas, con plantas bonsái que la niña acariciaba dulcemente con sus manitas como si se tratara de una mascota a las que prodigaba sus caricias con amor, poniendo especial cuidado de no dañar con sus manitas ninguna de las hojas de esas bellas plantas que eran sus compañeras en la ventana y que erguían orgullosas sus tallos como queriendo alcanzar sus caricias o para no quedarse opacadas con la belleza angelical de la preciosa niñita.

Sin quererlo, la madre de este encanto de bebe, había logrado que la gente del barrio se fijara en ella y la identificaran como La niña de la ventana y a diario buscaban su sonrisa angelical para que les diera los buenos días o les deseara suerte en el día.

Uno de esos días me atreví a llevar mi cámara para tomarle la foto obligada que tu ves acompañando esta nota y aproveché el momento para preguntarle a sus padres por el nombre de esa pequeña que había robado mi corazón, solo se limitaron a decirme que la simpática chiquilla se llama: Isabela Angelic.

Y me comentaron que fue idea de su abuelo sentarla ahí. Un día la niña estaba enfadada y molesta, y no había poder humano que lograra calmarla, hasta que él decidió sentarla en la ventana con el fin de que se distrajera un poco con el pasar de los carros y de la gente, para que lograra calmarse. Desde ese entonces la niña a diario desea ocupar ese lugar a la misma hora (9 de la mañana). Y cuentan sus padres que si no es llevada ahí como ella desea, arma un verdadero tango hasta que la sacan y la sientan en esa ventana de la casona colonial antigua, y solo así logra calmarse. Ya una vez estando en la ventana desde ahí observa atenta el paso de los carros y la gente. Y no pierde detalle cuando riegan las plantas de las tres macetas que la acompañan, para luego acariciarlas con sus manitas. Lo sorprendente del caso, es que las flores parecen corresponder a ese amor que les profesa la chiquilla, y desde muy adentro responden a ese estimulo, manteniéndose siempre frescas, bellas y altivas.

En fin, este es el Tepic de ahora, que esta lleno de grandes y agradables sorpresas y esta niña ya se ha vuelto la atracción de la gente que por ahí circula, y hasta algunas personas comentaron que la pequeña les había traído suerte a los vecinos del barrio, porque desde que está presente en la ventana, han cambiado las cosas para todos, incluso hasta el gobierno ya mandó remodelar la calle que había sido un añejo problema por mas de 50 años esperado. ¿Verdad o mentira? Por mi parte yo no pude quedarme con las ganas de conocerla, y Usted amigo lector si algún día pasa por la calle lerdo al poniente, poco antes de llegar al parque J. Escutia, podrá constatar que a la misma hora y en el mismo lugar como es su costumbre, estará ahí sentada en la ventana adornando la casa junto a sus macetas, desde donde esbozará una sonrisa para prodigarte todo tipo de bendiciones.