Por: José Ma. Narváez Ramírez.

Al principio, cuando todo fue rumor, creímos que solamente de eso se trataba, pero poco a poco fuimos atando cabos y por acá en la capirucha de nuestro querido terruño nayaritano, al saber que había suce dido en La Cabaña, de inmediato pensamos que se trataba del ex diputado, propietario del antro de ese nombre famoso entre la tropa de santiagoixcuintlenses por allá en los años sesenta, que dejó la frase inmortal popularizada por la flaca (tan fumadora que parecía chacuaco) más renombrada en aquellos tiempos en la Costa de Oro: Urbana, quien era la encargada de colectar una moneda por cada pieza bailada repitiendo entre las bellas danzarinas de la vieja guardia: ¡¡¡Ésa mano, niñas!!!

Pero por fortuna después de escuchar atentamente las noticias en la tele y de enterarnos por medio de los periódicos y la radio que se trataba del Jefe Diego, inmediatamente vino la calma y pensamos que era mucho mejor que se tratara de ese gran personaje de la política mexicana, porque tiene más dinero que ofrecer a los supuestos captores y nuestro ex legislador de la Cámara Estatal, aunque no canta mal las rancheras, pues francamente no está para andar en esas arengas de secuestros o desaparecidos Ya que está más ocupado en tinturarse los cabellos de la cabeza, las cejas y el bigote

Pero al comprobar que no era nuestro pleclaro ex diputado, no pudimos menos que recordar aquellas noches inolvidables cabañeras a las que asistía lo más granado de nuestra sociedad y era muy común encontrar reventándose una pólka o un danzón a los estudiantes (de vacaciones en esa preciosa época de la que fuimos parte) y al maestro carpintero fulano o al alarife zutano, a un costado del profe mengano o el chofer perengano, moviendo el bote con una de las guapérrimas tabaqueras o cocineras o nanas empleadas de las familias más pudientes de Santiago y poniendo en su mano la moneda solicitada por Urbana que estaba muy aguzada para que no se le pelara o bailara de gorra, ninguna sin despegar el cigarro de la boca

Los sábados por la tarde no había poder humano que convenciera a las señoras de avanzada edad, de hacer otra cosa que bañarse, arreglarse, pintarrajearse la cara, perfumarse las greñudas axilas y acicalarse para asistir puntualmente al Centro Social de moda: La Cabaña para bailar e ingerir las heladas ambarinas a discreción y entre trago y trago y rítmico vaivén, ir a echar una firma o una cana al aire y regresar a seguir el dance

Ahora la verdad, este antro está muy descuidado y los clientes han bajado de catégo, pero hubo un tiempo en que con solo contar con la fronda fresca de un árbol grande y el sonido del tuestadiscos a todo volumen, bastaba para animar al respetable y acarrear a todo Santiago y anexas, a desvelarse moviendo la cadera y haciendo gárgaras de cerveza hasta exonerar hemoglobina

Menos mal que no se trató de nuestro amigo Toño Jiménez y aunque no nos alegramos por la suerte que está corriendo el Jefe Diego, (por la que pedimos a Dios que regrese sano y salvo a seguir chupando el inseparable puro), esperamos que haya Control señores Control entre tanta balacera y que Don Chón los proteja antes de irse de viaje a la restauración y regrese con el nuevo look Saludos.