Por ÓSCAR VERDÍN CAMACHO
(Información y foto)
A las 5:50 de la tarde de ayer, vi a Daniel Abraham Rentería Solano, Miguel Ángel Alemán Solís y Jonathan Ibarría Gómez detenerse del otro lado del portón de acceso a la penal de Tepic.
Por una pequeña ventana del portón negro, los rostros de Daniel Abraham y Miguel Ángel eran fácilmente visibles. Jonathan estaba atrás de otros internos que también recuperarían la libertad.
Daniel Abraham llevaba puesta una cachucha color blanco. Respondió con un saludo de mano y una sonrisa cuando identificó a este reportero, a unos metros afuera del portón. Fue obvio que se los hizo saber a sus compañeros. Hablaron entre si.
Con un libro grande entre los brazos, un guardia hacía anotaciones de cada uno de los internos que recuperaría la libertad. Primero salió una señora que fue recibida con abrazos por sus familiares. Y lágrimas.
Dos señoras comían galletas afuera de la penal. Ahí viene, ya lo vi, dijo una de ellas. Creí que eran familiares de alguno de los citados muchachos. Les pregunté, pero no los conocían.
A esa hora, casi no había nadie afuera de la penal, si acaso señoras que llegaban, varias de ellas con pequeños hijos, para quedarse por la noche con sus esposos detenidos.
Me asomé por la pequeña ventana y un guardia preguntó, en buenos términos, qué se ofrece. Daniel Abraham, Miguel Ángel y Jonathan observan.
Pronto, la ventanita del portón es cerrada.
Unos minutos después, es abierto el portón por el lado de ingreso de vehículos. Sale un carro de los que son usados para trasladar reos. Pienso algo que no sucedió: se los llevaron y los van a bajar a unas cuadras de aquí.
Como si adivinara mis pensamientos, un jefe de seguridad se asoma y me dice: ahorita ya van a salir los muchachos. Pide que si hablo con ellos, no sea muy cerca del acceso.
La ventana vuelve a estar abierta. Ahí están los tres con el guardia del librote. Les leen la cartilla: hay que portarse bien. No regresar a la penal. Ellos aceptan con movimientos de cabeza. Se saludan con un toque a la moda: con apretón de mano y golpecito de los puños. El saludo se extiende a otros custodios penitenciarios.
A las seis con ocho minutos de la tarde, finalmente se abre el portón para quienes estuvieron presos desde la noche del 25 de octubre del 2009, en un caso social, judicial, de esos que no se olvidan y que persigue a todos: víctimas, acusados, autoridades: la acusación de que participaron en la grabación de cinco adolescentes, sometidos a golpes y humillaciones, y cuyas imágenes se divulgaron por Internet.
CERO PALABRAS
Resultó evidente un acuerdo de los muchachos: pronunciar cero palabras.
Siempre líder en el grupo –ello se notó desde un principio, en octubre-, Daniel Abraham salió al frente y con la mano derecha cubriéndose el rostro. En la mano izquierda llevaba una bolsa grande con sus ropas. Atrás de él, Miguel Ángel usó otra bolsa para cubrirse la cara. Caminaron rápido, a zancadas largas. Me oí pronunciar el nombre de Daniel y no obtuve respuesta. En unos segundos llegaron al bulevar Tepic-Xalisco, frente a la caseta que controla el acceso de vehículos a la penal. Hasta entonces reparé en Jonathan, que caminaba separado de sus amigos. Chaparrón, avanzaba a pasos largos.
Los observé cuanto pude, pero no insistí en querer arrancarles palabras que, era obvio, no querían decir. Me llamó la atención que los tres subieron de peso, en comparación a como estaban en octubre.
Ningún familiar los esperaba. En el bulevar, frente a la referida caseta, abordaron un taxi blanco. Daniel Abraham –siempre líder- se acomodó al frente, junto al chofer; en el asiento de atrás los otros dos.
El taxi enfiló en dirección a Xalisco. Firmes, ninguno volteó hacia donde me encontraba.
EL JUICIO SIGUE
Contra la resolución de término constitucional dictada por el Juzgado Cuarto Penal, en acatamiento a un amparo –se indicó aquí el martes y miércoles-, si bien favoreció en parte a los citados muchachos al determinarse que no hay elementos para procesarlos por los delitos de lesiones graves calificadas y amenazas, la Procuraduría General de Justicia tiene la facultad de inconformarse para que una Sala Unitaria del Tribunal Superior de Justicia analice el fallo.
Pero esa posibilidad también tienen los referidos, para combatir los dos delitos por los que se les sigue proceso: ultrajes a la moral o a las buenas costumbres e incitación a la prostitución, así como por privación ilegal de la libertad.
También ellos podrían apelar o recurrir a otro juicio de amparo.
Es decir, al expediente número 507/2009 del Juzgado Cuarto le falta mucho por delante.