ÓSCAR VERDÍN CAMACHO


Pipi Mares acuñó uno de los dichos más conocidos entre los habitantes de Puga y que seguramente perdurará por siempre: “hasta el último pitido se sabe”, indicó varias veces en su juventud, con unos tragos encima, para contestar a quienes le preguntaban si se presentaría a trabajar al ingenio azucarero que hay en ese poblado.

La historia es la siguiente:

Tanto en el Ingenio de Puga como el de Menchaca cuando falta media hora para el relevo de obreros, se hace pitar al ingenio para avisar a los trabajadores de su próximo inicio laboral. Luego, transcurrida la media hora, se vuelve a pitar.

Así, los obreros que no se presentan al ingenio en el segundo pitido, resulta obvio que no acudirán a trabajar al turno respectivo, ya sea el que inicia a las seis de la mañana, dos de la tarde o 10 de la noche.

En el caso de Pipi Mares, se cuenta que cuando andaba tomando, si alguien le preguntaba si iría a trabajar al ingenio, siempre respondía: “hasta el último pitido se sabe”.

Esa frase excelente pronto fue conocida entre los pugueños y transmitida ya a muchas generaciones.

Así, es común que se haga referencia a ese dicho para referirse a una situación en que se tiene duda sobre el resultado. Es frecuente oír el “como dijo Pipi Mares: hasta el último pitido se sabe”…

Es el mismo Pipi Mares que falleció el domingo 15, en Puga. Siempre de ojos bien abiertos y enrojecidos, tenía más de 85 años de edad.

No tuvo hijos, pero esa frasecita lo distinguió por siempre. Los últimos años de su vida vivió en la casa de una de sus hermanas.

Descanse en paz.