Tiene los ojos cafés
y su nombre es Catalina.
Su piel blanca cómo fe
de religiosa rendida.
Una risa cristalina
resplandece en su semblante.
Cuando se ríe esa chica
centellean mil diamantes
Le digo linda que es
y se lo repito a diario.
Ella me escucha pues ve
que no lo dice un falsario.
Intentaré que me quiera
aunque sea un poquito.
¡Qué daría porque viera
cuánto yo la necesito!
Prof. José Luis Lara Orendaín