Habla la hija de Estanislao Montes, quien cometió un atentado contra su esposa y su yerno: “él sigue aquí, no se ha ido, más porque sabe que mi mamá no murió…temo por mi hija, porque también prometió matarla”.
ÓSCAR VERDÍN CAMACHO.-
Guadalupe Barajas Hernández tenía 14 años cuando se casó con Estanislao Montes Silva, entonces de 28 años, y desde entonces se adueñó de ella. La hizo su esclava.
Janizia, de 32 años e hija de ambos, relata algunos pasajes de su niñez:
“Mi mamá no tenía permiso para salir a la calle; cuando mi papá no estaba en la casa, dejaba las puertas con cadenas y alambre de púas en las ventanas. Si mi mamá pensaba salir a tirar la basura, tenía que llamarle a su trabajo y él decía si o no; siempre tuvo perros bravos en la casa, hasta un lobo, porque no quería que nadie se acercara…
“Un día, cuando era niña, vi que mi papá tenía a mi mamá con la cabeza metida en una pila con agua y con un cuchillo. Empecé a llorar y la soltó, entonces mi mamá me dijo que no pasaba nada, que estaban jugando…
“Yo iba en cuarto año de primaria cuando, una tarde, fui a la casa de una amiga a hacer una tarea. Mi papá había salido y pensamos que regresaría tarde, pero cuando volví ya me estaba esperando. En su cuarto, en una pared tenía cintos, cuartas. Se había mandado hacer un cinto con vaqueta y alambre. Con ese me pegó mucho, y metía mi cabeza a una tina con agua; me sentía ahogar, me salía sangre por la nariz y mi mamá le pidió que dejara de golpearme. Los golpes me dejaron una cicatriz en una de las piernas…
“Una vez vi que a mi mamá la tenía amarrada, con las manos hacia atrás y amordazada…
“Así ha sido mi papá toda la vida. Fue judicial y tiene un amigo que, cuando mi papá salía, el otro se la pasaba afuera de la casa, dentro de un carro, observando que mi mamá no saliera o que ningún hombre entrara. Así, a ese extremo. Mi mamá era como su esclava…
“En una casa en que vivimos cuando yo era niña, por la calle Allende, quedaron muchos recuerdos”…
“NO LE TEMO”
El 19 de septiembre pasado, Estanislao Montes, de 66 años, mató a balazos a su yerno José Santos Mendoza Talamantes e hirió gravemente a la señora Guadalupe Barajas.
Anteayer, en estas páginas se presentó un reportaje sobre el tema, en el que quedó evidenciado el ostentoso aparato de procuración de justicia familiar que presume el Gobierno del Estado, puesto que, días antes del mortal atentado una especialista en tratamiento a mujeres que son víctimas de violencia extrema alertó a la entonces subprocuradora General de Justicia, Norma Santoyo Chánez, que la conducta mostrada por Estanislao desencadenaría, pronto, en un intento por matar a su esposa, tal y como sucedió.
Incluso, fue solicitada seguridad policiaca para la señora, pero no se tomaron medidas precautorias.
Un abogado que conoce el caso apuntó que el Gobierno del Estado podría ser demandado por la vía civil, por la grave omisión en que incurrió, al no decretar medidas para proteger a las víctimas.
Janitzia responde a una pregunta:
“No, no le tengo miedo a mi papá. Yo le he marcado a su celular y no contesta. Le marco de mi celular y del celular de mi mamá. Pero sé, porque lo conozco, que al saber que no ocurrió la muerte de mi mamá, tratará de conseguirlo a como de lugar. Ése es el temor. Temo también por mi hija”.
Hasta ayer, el Gobierno del Estado de ninguna forma había iniciado un trabajo de tratamiento psicológico con Janitzia y su pequeña, de siete años e igual nombre, o con la familia de José Santos. Y tampoco, por cierto, se les brinda seguridad policial.
“SIGUE AQUÍ”
Janitzia calcula que hace escaso año y medio, su mamá hizo un intento por enfrentar a Estanislao: lo denunció en el Centro de Justicia Familiar, pero un día después le otorgó el perdón, pues su esposo dijo sentirse mal de salud y hasta requirió ser llevado a un hospital. Fue dejado en libertad y le prometió lo de siempre: que iba a cambiar. Después le diría que todo había sido un invento, señala la hija.
Pero el 13 de junio reciente, debido a que se cumplía un aniversario por el deceso de una hermana de Guadalupe, Estanislao se ofreció a llevarla en su camioneta a San Vicente, municipio de Tuxpan.
Sin embargo, tal y como fue narrado anteayer, en realidad Estanislao pretendía darle muerte. Primero intentó prenderle fuego, en el municipio de San Blas, y luego le dijo que mejor la ahogaría en el mar y todo quedaría como un accidente.
Ese día, relata Janitzia, su papá fue detenido por policías estatales. José Santos fue a recoger a su mamá, a San Blas, y la llevó al Centro de Justicia Familiar para que formulara la denuncia. Ahí se negaban a recibirla por el antecedente de que ya en una ocasión le otorgó el perdón. Sin embargo, la sorpresa es que Estanislao misteriosamente había sido liberado en San Blas, a pesar de que los policías sabían que se presentaría una denuncia.
Janitzia, cuya casa está al lado de la de sus padres, describe lo terrible de esa noche: su esposo encontró a su papá oculto en una habitación y éste, al verse descubierto, buscó desquitarse con la señora Guadalupe. Ella era su blanco. No lo dejaron.
“Llamé a la policía. A mi esposo lo amenazó con un machete. Yo, que estaba recién operada, lo abracé para que no huyera. Cuando fue detenido, presenté una denuncia y fue llevado a la penal pero recuperó la libertad bajo fianza. Nosotros queríamos que mientras estaba preso, se anexara el expediente de mi mamá”.
Estanislao ya no regresó a vivir a su casa, salvo a recoger unas ropas. A partir de entonces, a través de mensajes por celular les advirtió a Guadalupe y a Janitzia que la familia Montes Barajas se terminaría. “A mí me mandó mensajes diciendo que yo iba a llorar sangre, diciendo que iba a matar a mi hija”. A su mamá, igual. Los mensajes obscenos eran constantes. Fue entonces que especialistas en tratamiento a víctimas de violencia extrema lo advirtieron: el plan de asesinato era real. Pero nadie les prestó atención.
“Eso es amor”, asegura Janitzia que contestó la subprocuradora Santoyo cuando se le explicó la gravedad del caso.
“Mi papá sigue aquí, no se ha ido, más porque sabe que mi mamá no murió. Lo conozco. Después que sepultamos a mi marido vine a recoger unas cosas y encontré todo revuelto. Mi papá había estado aquí”...