ÓSCAR VERDÍN CAMACHO.-
A unas horas de que concluyera su cargo como magistrado del Tribunal Superior de Justicia (TSJ), José Ramón González Pineda se daba tiempo para todo: se reunía con secretarios de acuerdos para dejar en regla todos los expedientes vigentes, recibía saludos y abrazos de jueces y demás empleados, lo mismo que de litigantes, y recibía a reporteros de distintos medios.
“Estoy satisfecho. Ser magistrado es un privilegio, es un honor. Fui consejero cinco años, seis años fui presidente de la Sala Civil y dos años fui magistrado presidente del Tribunal Superior. Hay una satisfacción por haber cumplido, de haber cambiado la inercia en que estaba sumido el Poder Judicial. Si bien la relación laboral hoy termina con mucha gente, me llevo la amistad de todos, el respeto dentro y fuera del Poder Judicial”.
Al igual que Javier Germán Rodríguez Jiménez, el otro magistrado no ratificado por el Congreso del Estado, González Pineda dijo que aún no decide si recurrirá a un amparo contra la resolución dictada en Palacio Legislativo el viernes 18 por la noche, misma que les fue notificada el lunes 21.
De lo que está seguro es que próximamente escribirá un libro, comentado, sobre el Código de Procesos Civiles en el estado, y de que continuará dando clases en la Universidad Autónoma de Nayarit.
Sobre el fallo de la Cámara de Diputados, que para muchos llegó incluso a los agravios personales, José Ramón González apuntó:
“El Congreso fue quien nos preguntó si queríamos o no la ratificación. Nosotros dijimos que si, pero nunca nos imaginamos el procedimiento que se vendría, con un decreto excesivo y limitado que se aplicó a dos personas. Pero aún así no estoy derrotado. Fue un pleito legal, técnico y respeto a la decisión de los diputados. Mi carrera profesional sigue”.