ÓSCAR VERDÍN CAMACHO.-

Paradójicamente, cuando golpea con mayor fuerza la crisis económica y se habla de redoblar el trabajo, el lunes 14 y el martes 15 en las dependencias oficiales se permitió el descanso para miles de trabajadores, sindicalizados y de confianza.

Fue tal la presión que ejerció el Sindicato Único de Trabajadores al Servicio del Estado y Municipios (SUTSEM) a través de su dirigente Águeda Galicia Jiménez, que incluso provocó que se violentaran ordenamientos previamente establecidos, por ejemplo al interior del Poder Judicial del Estado.

En ese lugar, literalmente fue echada a la basura la circular 1/2009 del Consejo de la Judicatura del Poder Judicial que enumera los días inhábiles durante el presente año.

Por ejemplo, para este mes de septiembre ahí se precisa que únicamente no se trabajará el 16 de septiembre, pero jamás menciona los días 14 y 15, y en el mejor de los casos el día 15 se permitiría terminar la jornada a la una de la tarde.

A raíz de la decisión de última hora de permitir la ausencia de los trabajadores, el lunes 14 se generó un conflicto entre los empleados que forman parte del Sindicato Auténtico del Poder Judicial de Nayarit (SIAPJUNA), puesto que ellos sí acudieron a laborar, aunque, ante la presión, se les permitió retirarse a la una de la tarde. Y anteayer ya no fueron.

Sin embargo, el daño ya estaba hecho: numerosas personas que acudieron a las oficinas públicas para atender diversos asuntos, tuvieron que dar marcha atrás ante el inesperado anuncio de que no se había trabajado.

La decisión, netamente autoritaria, contrasta, como ya se dijo, con la necesidad de mantener un ritmo laboral importante para hacer frente a la situación económica.

Pero además resulta doblemente criticable la ausencia al trabajo, acordada entre el titular del Poder Ejecutivo Ney González y Águeda Galicia, y que arrastró a la misma situación a los otros dos poderes, cuando por ejemplo el sistema educativo de nivel básico sí asistió a clases el lunes y martes, desde preescolar, primaria y secundaria.

Es decir, mientras los niños sí atendieron su horario de clases, los adultos se despacharon sin trabajar, pero obviamente percibiendo su salario de manera íntegra.