Por: José Ma. Narváez Ramírez.
Cada vez que un Santiagoixcuintlense se va por el camino del Oriente rumbo al valle eterno, (como hace unos días se fueron El Muralla Rubén Moreno y la Profesora Magdalena Wong Sandoval) no dejamos de recordar aquellos grandes momentos que nos brindaron y que guardamos en el arcón personal de los recuerdos inolvidables, como tesoros inapreciados que quisiéramos compartir para que no se pierdan en el implacable muro de la indiferencia y el olvido.
Por eso alabo y apoyo a los paisanos que escriben (o pergeñan) sus remembranzas, como principio de un libro que quisiéramos fuera editado y sirviera de testigo de aquellos días que sabemos no volverán, pero que quedaron impresos en sus memorias acompañados de algunas fotografías que un día formarán parte de esas páginas de la historia de nuestro pueblo.
Vienen al caso las Vivencias de una Costeña Santiagoixcuintlense, elaborada por mi prima Emeria Navarro Narváez, donde nos habla de su infancia, su adolescencia, juventud y su brillante carrera dentro de la enfermería, hilvanada con las anécdotas y recuerdos que lograron ser considerados como especiales, y ahora merecen ser legados a nuestros amigos, seres queridos y a todos los que se interesen en ellos.
En sus primeras publicaciones, que se han enviado a algunos periódicos del estado, leemos –entre otras muchas cosas interesantes- algunas vivencias que se tuvieron con los Diablos Rojos de Santiago, campeones del basquetbol de Nayarit, y en el que destacó como jugador especial, precisamente El Muralla, al lado de otros compañeros de este equipo excepcional, comandado por don Manuel Robles Sánchez.
Así vamos acompañando a Emeria en su trayectoria, que inicia en El Botadero, Municipio de Santiago Ixcuintla y continua por Tepic y nos habla de la Escuela Primaria Juana de Asbaje, la Secundaria Federal No. 26, la Escuela de Enfermería, de la Universidad Autónoma de Nayarit, en un ir y venir a su tierra natal. Vienen a su memoria un sinfín de recuerdos que nos permiten recordar trozos de aquellos hermosos momentos, sin dejar de lado los que le acarrearon tristezas, alegrías y no poca nostalgia.
La vida sigue, al igual que nosotros, su eterno viaje, y por ahí vamos despidiéndonos uno a uno de esta Tierra, conforme la decisión de Nuestro Señor; ojala que todos pudiéramos dejar por escrito nuestras propias vivencias. Los que no se nos da el escribir, quedamos en la memoria de aquellos que las vivieron, y ahora reviven la historia. Tal vez no seamos los protagonistas de algo ejemplar y digno de ser recordado, pero existimos y formamos parte del pueblo que nos vio nacer y al que queremos con todo el corazón Con eso está asegurada la parte más importante
Control Señores Control Que Dios nos permita vivir algunos años más, o unos días, o algunas horas Aunque en el trayecto vayamos dejando atrás a aquellos que nos acompañaron en la aventura maravillosa de la vida y nos brindaron su invaluable aprecio y su cariño Así como nos dejan los que se adelantan en el viaje
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