Por: Juan Fregoso

Solemos pensar que Cleopatra fue una sirena egipcia, una seductora caprichosa que se mató por amor al general Marco Antonio. Poco de esto es cierto. Aunque Cleopatra fue una emperatriz del antiguo reino, ni una gota de sangre egipcia corría por sus venas: era griega macedonia; la capital de su reino, Alejandría, era una ciudad griega, y el idioma de su corte fue el griego. Su dinastía fue fundada por Tolomeo, general macedonio de los ejércitos de Alejandro Magno, quien después de la muerte de éste se apoderó de Egipto y se proclamó rey.

En cuanto a su frivolidad, no hay prueba alguna que relacione a Cleopatra con ningún hombre, excepto con Julio César y, tres años después, de morir éste, con Marco Antonio. Ninguna de estas dos relaciones fue ilícita; ambas fueron aprobadas por los sacerdotes y reconocidas en Egipto como matrimonios. La idea, pues, de que Cleopatra fue una mujer voluptuosa que empleó sus atractivos para seducir a estos dos hombres, es absurda.

Sin embargo, la leyenda de su vida ha persistido durante más de dos mil años, sobre todo en virtud de que poetas y dramaturgos, entre ellos Shakespeare, resaltaron más los encantos físicos y los amores de aquella mujer, que su inteligencia y su valor. Pero su comportamiento la revela como una mujer talentosa y resuelta que se pasó la vida luchando para evitar que los romanos se adueñaran de su país.

Cleopatra nació entre el año 68-69, antes de Jesucristo, y creció entre intrigas cortesanas y violencia. Su padre, Tolomeo XIII, murió cuando Cleopatra tenía dieciocho años; entonces ésta se convirtió en reina y gobernó conjuntamente con su hermano de diez años, Tolomeo XIV. Dos años después, el joven Tolomeo, influenciado por tres conspiradores palaciegos, desterró a su hermana a Siria. Dando ya muestras del valeroso ánimo que había de caracterizar su vida, Cleopatra no tardó en organizar un ejército y regresar para luchar por su derecho al trono.

Esta fue la Cleopatra que Julio César conoció cuando, en el otoño del año 48 antes de Jesucristo, llegó a Egipto en persecución del general romano Pompeyo, su adversario en la lucha por el poder político (género este de conflictos que había de tener a Roma en constante agitación durante casi un siglo).

¿Cómo era Cleopatra físicamente? Los únicos indicios que tenemos son unas pocas monedas acuñadas con su perfil, y un busto extraído de unas ruinas romanas, mil ochocientos años después de su muerte. En estas reliquias vemos una nariz aquilina, una boca muy bien formada, de labios bellamente cincelados. Varios historiadores antiguos hablaron de su arrebatadora belleza, pero jamás habían visto a la Reina. Quizá la referencia más exacta sea la de Plutarco, cuyo abuelo le habló de Cleopatra cierto médico que conocía a uno de los cocineros reales. Plutarco dijo que su belleza no era tan notable como para que no pudiera comparársele ninguna otra mujer.

Sin embargo, los historiadores más cercanos a aquella época hablan de la fascinante conversación de Cleopatra; de la dulzura de su voz; de la sutileza y agilidad de su palabra. Conocía seis idiomas y era muy versada en historia, literatura y filosofía griegas. Negociaba con astucia y demostró ser una estratega de primer orden.
Era también muy hábil para teatralizar todos sus actos. Cuando César la conminó a dejar sus tropas y trasladarse al palacio de que él se había incautado en Alejandría, Cleopatra entró sigilosamente en la ciudad al anochecer, se hizo envolver y atar en una alfombra y, oculta así, fue llevada hasta el palacio de César. Ya fuera una estratagema para librarse de los asesinos a sueldo de su hermano, o bien para impresionar a César, la entrada de Cleopatra en el aposento del romano resultó uno de los actos más teatrales de la historia. Su valentía y su encanto convencieron a César de que sería políticamente conveniente restaurarla en su trono.

Tal vez para impresionar a César con la riqueza de Egipto, Cleopatra organizó en la primavera siguiente una excursión por el Nilo. Durante semanas, César y ella navegaron en una complicada casa flotante, escoltados por cuatrocientos navíos cargados de tropas y abastecimientos En el mes de junio, Cleopatra dio a luz a un niño, al que puso el nombre de Cesarión, que en griego significa pequeño César.

Este niño, único hijo varón de Julio César, parece haber sido la raíz de un ambicioso plan de sus padres para unir a Roma y Egipto en un solo y dilatado Imperio gobernado por ellos y sus descendientes. Al poco tiempo de nacer el niño, César parte de Alejandría para llevar a cabo unas operaciones militares en Asia Menor y el norte de África, con las que puso fin a toda oposición política. Al año regresó triunfalmente a Roma como dictador indiscutible. Cleopatra lo esperaba allí, con su hijo Cesarión, en la magnífica villa donde su esposo la había instalado.