Por Óscar Verdín Camacho
El domingo siete se cumplieron dos meses de la muerte de Gabriel Hidalgo Peña en el interior de la penal de Tepic, un individuo al que se le acababa de iniciar un expediente penal por los delitos de violación y homicidio de una niña de año y medio de edad, ocurridos el año pasado.
Poco se conoce sobre las circunstancias de la muerte, y tampoco hubo mayor reclamo de sus familiares, probablemente por los ilícitos que se le achacaron.
El cadáver, se conoce ahora, fue cremado, circunstancia que frena cualquier posibilidad de exhumación.
Algunos datos obtenidos indican que cuando Hidalgo Peña fue trasladado a la penal, un médico que lo revisó –situación que ocurre con todos los nuevos ingresos- asentó que presentaba diversas lesiones visibles. Gabriel no habría indicado detalles de qué le sucedió, como tampoco lo hizo al declarar ante un juzgado penal.
Tampoco habría mayores constancias respecto a lo ocurrido la noche del seis de agosto, en la celda que ocupaba Gabriel Hidalgo. Su muerte se conoció a la mañana siguiente y ahí quedó todo.
Más allá de las especulaciones sobre si fue objeto de agresiones, como castigo por la violación y muerte de la bebé, no hubo reporte oficial que diera detalles del deceso. Si acaso se conoce que ocurrió un infarto, pero a causa de qué.