Por Óscar Verdín Camacho
Si se buscan remedios para callo, verrugas, ojo de pescado, reuma y padecimientos similares, seguramente en la plaza Principal de Tepic habrá alguien que te venderá un producto para ello.
Quiere para callo/quiere para reumaes una frase pronunciada con una tonadita ya muy especial.
Unos minutos en una banca en la citada plaza motiva que se aproximen vendedores de dulces y personas que aseguran tener a un familiar enfermo de gravedad, por lo que requieren ayuda económica y si no se les ofrece una moneda, hay algunos que se retiran molestos antes de aceptar un comentario para que trasladen al enfermo a un hospital.
También llegan los papelitos con algún número de teléfono para préstamos de dinero. Y también se presentan, requiriendo la moneda, unas jóvenes que argumentan buscar recursos para un retiro religioso.
En la plaza, entre Catedral y el edificio de la Presidencia Municipal, no faltan los vendedores de globos, los representantes de compañías telefónicas, los payasos que ablandan a padres y madres con hijos pequeños vendiendo figuras de animales en globo, o los muchachos que tocan tambor.
Mención aparte es el caso de Héctor, un hombre de 34 años edad que varios días de la semana es llevado a la plaza en una carretilla a la que fue adaptada una cama.
Con un bote a su lado para aceptar monedas, Héctor se ha convertido en un personaje de la plaza que, incluso, provoca que haya gente que se detenga nada más a verlo, afectado su cuerpo por una enfermedad.
En un letrero junto a la carretilla se lee:
Disculpen las molestias. Padesco de hatritis rreumatoides. Apóyenme con lo que gusten.
Según otros comerciantes de la zona, Héctor Manuel es llevado por un familiar y permanece en la plaza varias horas hasta que lo recogen. El lugar de la carretilla es siempre el mismo: saliendo por el ala de la plaza hacia la esquina de las calles Hidalgo y Veracruz.
En el extremo opuesto, rumbo a las calles Veracruz y Zaragoza, Jesús asea los zapatos de uno de sus clientes. Cuenta que las jardineras del lugar son disputadas diariamente puesto que todos quieren ganar un lugar bajo un árbol, para tener sombra mientras trabajan. Hay quienes llegan a las 7:30 de la mañana y apartan su sitio, colocando la caja donde llevan grasa y trapos con que hacen rechinar los zapatos limpios.
¡Una boleada compa, una boleada!..., se escucha y no hay quien, llevando zapatos o botas, se escape al llamado.
Jesús explica que sólo se les permite trabajar en las alas de la plaza, no en el cuadro de la misma, y si ingresan son interceptados por fiscales del ayuntamiento. Y es que representan una competencia para quienes asean el calzado en Los Portales.
En retiradade la plaza, un hombre ofrece cerillos, rastrillos, corta uñas y hasta navajas tipo 007, cuya portación puede ser considerada como la de un arma prohibida.