Por Óscar Verdín Camacho
Anteayer, durante unas siete horas a grito y grito por las calles, anunciando que arregla aparatos eléctricos, Abraham Álvarez Méndez apenas consiguió un cliente, una señora cuya lavadora tenía un problema que él pudo solucionar.
Y este martes ya pasaba de las 10 de la mañana sin que nadie respondiera a su llamado.
Abraham tiene 27 años y cuatro hijos de nueve, seis, cinco y un año de edad, respectivamente.
Localizado en la colonia San Antonio, carga con una caja de herramientas metálica. Cuenta que generalmente sale de su casa en las mañanas, toma un camión y elige determinada zona de Tepic para recorrerla a lo largo del día. Quisiera tener un vehículo para poder salir a los pueblos cercanos. Regresa a su domicilio, en la colonia López Mateos, después de las cuatro de la tarde.
Explica que ya se conforma con unos dos trabajos diarios, pero hay ocasiones que no hay uno solo; comenta que en los últimos meses ha escaseado más la respuesta a lo que sabe hacer.
Álvarez Méndez también realiza trabajos de albañilería, de fontanería y de electricidad. Aprendió el oficio por parte de la familia de su esposa, que salen a las calles como él, en busca de la clientela.
Preocupado por la falta de recursos, también atiende servicios a domicilio, cuando alguien lo localiza en su celular 311-7408541.
De tanto repetir el grito por las calles, Abraham ya parece entonar una cancioncilla:
¡Arreglo máquinas, planchas, estufas, abanicos, licuadoras, lavadoras, refrigeradoreeeees!.
Y ahí sigue avanzando, calle por calle.