Por el Caribeño
Urge, pero de ya, que nuestros flamantes legisladores se avoquen a reformar la vieja Ley de Alcoholes, ya obsoleta. Los titulares de la Oficina de dicha actividad del Estado, y la del funcionamiento de licencias del Municipio se la han pasado nadando de muertito y lo único que ponen en práctica de dicha Ley es la no entrada a menores y horarios. Verdaderos elefantes blancos que están chupando sin devengar como debería ser su responsabilidad. Parece que no han estudiado bien el documento.
Por ejemplo, existen los table dance, permisos que no están contemplados en la citada Ley y que son centros de prostitución y se ubican descaradamente casi en el centro de la ciudad. Ahora, hay negocios –cadena de tiendas- que venden bebidas alcohólicas día y noche. Por otra parte hay gente evadiendo impuestos como, por ejemplo, los que compran el producto etílico al por mayor y se lo llevan en sus vehículos a los ranchos, etc. Deberían traer en sus puertas una razón social que señale su dedicación al porteo y tener permisos para ello. Otra más, existen negocios que ostentan permisos para restaurante con venta de cerveza o de licores, pero cuándo uno los visita se comprueba que operan como viles cantinas. No hemos visto, por parte de tales jefecillos de alcoholes o licencias, clausura alguna, lo cual resulta demasiado sospechoso e invita a pensar en corrupción. Deberían aplicar el artículo 52 de Ley de Alcoholes –que no trae texto alguno.
De todo esto urge que nuestros diputados levanta manos y dedos volteen a ver esta problemática social, porque hay muchos centros de vicio ya en la ciudad, giros negros no controlados, no inspeccionados como debería ser. Eso sí, existe cada fiscalillo analfabeta que muestra mediocridad y prepotencia a cada paso que dá. Son gente corriente que le hace al tío lolo, pues por nuestros impuestos comen ellos y sus familias con manteca. Así las cosas.