Por: José Miguel Cuevas Delgadillo.
Seguimos citando esta interesante conferencia impartida por la abogada y activista social Alma Gallardo. Tus hijos claman por justicia. Quítate la idea de que ´es mi marido y es la cruz que me tocó llevar´. Por favor reacciona, piensa por un momento en tus hijos. Tráelos a tu mente. ¿Ves cómo tu hijo batalla para hablar y para relacionarse? Ya es un jovencito y no tiene un carácter formado. ¿Te preocupa que tu hija sale con uno y con otro novio? ¿Tu pequeño hijo sigue mojando su cama por las noches? ¿Te han llegado reportes de conducta de tu hijo adolescente? Hay una voz latente, una fuerte voz que está gritando desde lo más profundo del alma de tus hijos: ¡Mamá, ayúdame! ¡Mamá, haz algo por favor! ¡Auxilio, queremos ser libres! Qué triste años y años han pasado y tú, callada. Como si estuvieras dormida. Siendo cómplice del maltrato tuyo y de tus hijos. Lo peor es que los años de tu silencio no van a perdonar a tus hijos. Ellos han crecido y hoy tienen ya las secuelas de un hogar atestado de violencia e injusticias. ¿Sabes por qué tu hijo se volvió alcohólico? ¿Sabes por qué tu hija a tan corta edad quedó embarazada, o ya se practicó un aborto y quizás tú no lo supiste estabas sirviendo a tu hombre Cuántos jóvenes hoy están desesperados, andan por ahí llevados por una y otra corriente, buscando un refugio, buscando sentirse bien, sentirse aceptados, porque en casa ni papá ni mamá se ha preocupado por darles valores, por darles un ejemplo digno de imitar. ¡Qué triste para esto jóvenes! Los engañó el placer, y entraron por la puerta falsa del alcohol. De las drogas o del libertinaje sexual. No, no los defendiste mamá. Tus hijos no se sintieron seguros ni con papá, ni contigo. Hoy aborrecen sus hogares. Cuántas pérdidas lamentables. Vidas valiosísimas, jóvenes llenos de energía, talentosos, alegres, dinámicos, se quitaron la vida y hoy ya no están con nosotros. ¡Papá, mamá, qué tragedia! ¡Tu hijo prefirió estar muerto que vivir en casa!
¡Actúa, por favor! Denuncia el maltrato, denuncia la violencia. ¡Sé libre! Haz un cambio por tu vida y por la de tus hijos. Pero no lo hagas con temor, hazlo por amor. Ten confianza. Cuánto anhelamos que abras tus ojos y quieras realmente cambiar, por un motivo correcto: por amor, por dignidad y por justicia. Si tú hoy decides lo correcto, si realmente quieres que las cosas cambien. Quiero decirte que no estás sola. Créeme, muchísimas mujeres han dado este paso decisivo y hoy viven en libertad, son felices con sus hijos. Saben que hicieron lo correcto. Ninguna de ellas se arrepiente. Ahora es tu turno. Te toca a ti ser valiente en estos momentos y enfrentar la vida con valor. Debes salir adelante, prepárate, realízate como mujer y como madre. Ama a tus hijos y defiéndelos. Llega por ellos hasta las últimas consecuencias y no los abandones. Dedícate a tus hijos, ámalos, date a ellos. Disfrútalos. Disfruta con ellos nuevos años de alegría, de amor, de entusiasmo juntos.
Dile: ´hijo esto ya terminó. Se acabaron los años malos. Perdóname, quiero comenzar de nuevo contigo. Voy a darte todo mi amor para que salgas adelante. Ahí voy a estar contigo. Quiero ser tu amiga, te voy a defender y vamos a salir juntos adelante´. Cuánto necesitan tú y tus hijos recuperarse de todos esos traumas que sufrieron. Ojalá no sea demasiado tarde y puedas rescatar el corazón de tus hijos. Busca ayuda, asesórate en instituciones serias y comprometidas. Busca apoyo con un buen consejero familiar y un buen asesor legal. Busca apoyo médico o psicológico probablemente desarrollaste algún trastorno emocional, gástrico, depresión o estrés postraumático. Sal adelante, hay esperanza. Estudia, lee, tienes mucho qué leer, mucho qué cultivarte, para que salgas adelante tú y para que saques a tus hijos adelante. Prepárate, conoce tus derechos. Conócete a ti misma: aprende a reconocer tus debilidades, pero también tus virtudes, tus talentos. Te va a sorprender la gran capacidad que tienes como persona. Sin que caigas en la vanidad, arréglate, arregla tu cabello, tu persona, recupera los kilos que perdiste por tanta angustia, o si es tu caso, baja esos kilos de más que en tu depresión subiste. Haz ejercicio y cambia tu alimentación, lleva una dieta saludable. Todo esto te ayudará en parte, a recuperarte. Y algo muy importante: alza tu mirada. Mira al cielo, busca a Dios. Si hay alguien en quien ahora puedes confiar, alguien que nunca te ha fallado ni te va a fallar. Es Dios, a través de Jesucristo Su Hijo. Hasta la próxima. Orientador Familiar y Conferencista. Consultas Celular 311 136 89 86. redescubriendo@hotmail.com