Juan Fregoso

*Ante la guerra de la encuestitis, México está herido de muerte

*Calderón aferrado en conservar su feudo

*Ni Enrique Peña Nieto ni Josefina Vázquez Mota, ni AMLO son garantía de un verdadero cambio de fondo

*Porque ninguno de ellos trae la varita mágica para resolver los problemas del pueblo de México

*Por tanto, llegue quien llegue a la presidencia las cosas seguirán igual o peor

*Para extirpar el tumor maligno de México, se requiere una intervención quirúrgica por un profesional de la medicina política

*Y éste no se ve por ningún lado

*En dónde termina un gobierno, y en dónde comienza el otro

*A dónde nos llevan como país

El tiempo avanza inexorablemente rumbo a una fecha inevitable, la veda de proselitismo político llegará a su fin el 29 de marzo, fecha en que arrancará formalmente la campaña política por la presidencia de la República y por la renovación del Congreso de la Unión.

Cada uno de los partidos ya tiene a su candidato, por el PRI destaca la figura de Enrique Peña Nieto, quien según las encuestas hechas hasta el momento se encuentra posicionado como el puntero, mientras que por el PAN aparece Josefina Vázquez Mota, a la cual las encuestadoras la colocan en segundo lugar, incluso, se dice que ya alcanzó al ex gobernador mexiquense, y en tercer lugar, se ubica Andrés Manuel López Obrador, que contiende por el movimiento progresista, el cual aglutina al PRD, PT y Movimiento Ciudadano, entre otros.

Esto es lo que manifiestan las encuestas que en opinión del columnista no son del todo creíbles, porque estas pueden ser manipuladas, adulteradas con el fin de favorecer a determinado candidato.

Las encuestas no reflejan en realidad el sentir popular, si acaso recogen la opinión de una parte de la población, no de toda, entonces es obligatorio preguntarse en qué sectores sociales se realizan las famosas encuestas para poder estar en condiciones de aceptarlas como ciertas, porque en todas las elecciones se echa mano de este método poco convincente.

El futuro votante debe estar vacunado contra el virus de la encuestitis, pues de lo contrario, corre el riesgo de ser embaucado por las empresas encuestadoras a las cuales se les paga más que bien para que bailen tendenciosamente los números, ya sea a favor del candidato del PRI, del PAN o del PRD. Si esto es así desde ahora podemos afirmar que se está cocinando el fraude electoral, tal vez ya está decidido quien será el nuevo presidente de México.

Y en está lógica, las elecciones pasan a ser un burdo churro telenovelesco en el cual los actores siguen un guión predeterminado, y obviamente, éstos ya conocen el desenlace de la novela, pero no los extras, es decir, los votantes que seguirán la trama tratando de adivinar el final, desde esta perspectiva, el pueblo está siendo engañando vilmente por las cúpulas que ostentan el poder político, por la clase política que no conoce los más elementales principios de la ética ni de la moral.

Esto es así porque no les conviene externar sus verdaderas intenciones, por ello recurren al engaño, a la desinformación mediática con tal de lograr sus fines. Así pues, todos los candidatos echan mano de todo tipo de estratagemas con tal de alzarse con la victoria.

El propio presidente Felipe Calderón tiene metida toda su narizota en el juego sucesorio, el mandatario bombardea diariamente con spot publicitarios en los que resalta los logros de su gobierno. Ataca ilegalmente con las armas de los programas sociales, que el mismo gobierno federal anuncia que no deben ser utilizados para fines políticos, sin embargo, Calderón se arroga la facultad de destacar las metas alcanzadas por su gobierno con el deliberado propósito de pavimentarle el camino a la candidata de su partido, ante la complacencia del IFE que no hace nada, por lo tanto, el primero en violar la veda electoral es el mismísimo presidente de la República. El poder presidencial en su máximo apogeo.

Ciertamente, es razonable que el primer mandatario—que no mandante—busque a toda costa favorecer a doña Josefina Vázquez Mota, nadie mejor para él que la economista sea su sucesora, porque Vázquez Mota representa, tal vez, su mejor carta de impunidad, cuando menos eso debe pensar el presidente, si doña Josefina llegara a ocupar la silla más codiciada, la cual él detenta desde 2006. Calderón al mismo tiempo que quiere conservar el poder, pretende, evidentemente, seguir maniobrando tras bambalinas, por eso su empeño de que el próximo presidente sea del establo panista.

En fin, gane el PAN, el PRI o el PRD las cosas no van a cambiar de la noche a la mañana, porque si bien es cierto que todos los contendientes prometen, por un lado abatir la pobreza, acabar con la inseguridad que se ha enseñoreado en el país, es más cierto aún que ninguno de ellos trae una varita mágica para resolver todos esos problemas.

Por otro lado, no es cierto que acaba un gobierno y que inicia otro, esta es una frase hecha que ofrece varias lecturas, de suyo controversiales, ya que a lo que más que se puede aspirar es a un simple cambio de monos, pero no a un cambio de fondo, no a un cambio estructural, por lo tanto, llegue quien llegue a sentarse en la silla de Doña Leonor—a no ser que sea Superman—podrá dar un vuelco a la rueda de la historia, lo que en puridad de verdad es una utopía.

El país que dejará dentro de nueve meses Felipe Calderón, está despedazado, su tejido se encuentra gangrenado y para poder ser curado se necesitan las manos expertas de un cirujano especializado en el cuerpo político, por desgracia, no se ve ese cirujano que tenga la capacidad de reconstruir el corazón de México, desgarrado por el narcotráfico, por el crimen organizado, por la pobreza en que viven miles de millones de personas. Así pues, resulta ingenuo creer que con un cambio de gobierno las cosas se corregirán por el simple hecho de que el barco en que navegamos cambie de capitán, esto no es suficiente, se requiere algo más que un mero cambio de piloto, se ocupa valor y una férrea voluntad para sustituir los viejos cimientos de un sistema político, de una sociedad ultrajada, mancillada y herida de muerte.

México, a estas alturas, no está para analgésicos para una enfermedad que lo mantiene agonizante, lo que necesita es un un cirujano político que tenga la habilidad de extirparle ese tumor maligno que lo está matando, sin embargo, los tres presidenciales carecen de estas cualidades. Por consiguiente, el país seguirá muriendo lentamente, porque el tumor seguirá creciendo en todo el tejido social, ante la fragilidad de su sistema inmunológico, porque el virus de la violencia, del crimen organizado, se ha vuelto cada día más resistente, más agresivo, más destructor.

Por tanto, insisto, el enfermo—México—requiere urgentemente ser intervenido quirúrgicamente por un profesional de la medicina política, de lo contrario, el mal seguirá avanzando y puede llegar el momento en que el enfermo, en los estertores de su muerte, pueda provocar unos coletazos de impredecibles consecuencias.