Por: José Miguel Cuevas Delgadillo.


MATRIMONIO POR MIEDO A LA SOLEDAD Y POR SEGURIDAD SOCIAL. Una de las prácticas más abominables de las personas es el matrimonio por interés económico. Todos sabemos lo que es esto. Un hombre o una mujer elige a su pareja porque tiene bienes y dinero, y fingiendo afecto, se casa con ella motivado sólo por interés. Quizás codicia una vida de lujos y excentricidades o quizás sólo subsistir modestamente; pero con un futuro económico asegurado. Este tipo de matrimonios se asemejan a un acto de prostitución de largo plazo. En la mujer, equivale a rentar su compañía, cuerpo y atenciones, a cambio de beneficios económicos o seguridad financiera (los hombres que se casan por interés con mujeres ricas, se prostituyen igualmente. Alquilan por dinero, alma y cuerpo). Si una mujer se casa por mero interés económico, se prostituye, no hay duda alguna. ¿No es algo muy parecido si se casara motivada por miedo a la soledad? En ambos casos, la intención es egoísta y el matrimonio es sólo un medio para obtener un beneficio de la pareja.


El miedo a la soledad es un sentimiento completamente normal, es involuntario y no hay nada anormal en él. El problema está en dejarse controlar por él. El deseo de compañía humana es una necesidad muy natural. A propósito, el matrimonio es sólo una forma posible de suplir la necesidad de compañía humana. Una buena amistad con un círculo de personas maduras emocionalmente (no me refiero a personas mayores de 40 años, sino a mujeres con estabilidad emocional sin importar su edad) es más efectivo que un matrimonio inestable o mal habido. Nuestra cultura refuerza el miedo a la soledad, sobre todo al pensar en los años futuros. En algún sector de nuestra sociedad, algunas mujeres no son educadas para la auto-suficiencia, sino para la dependencia servil del hombre. El temor de enfrentar solas la vida, se junta a veces con la inseguridad económica y el miedo a no tener alguien que nos acompañe en los últimos años de nuestra vida. La respuesta aparece casi instantáneamente en la mente condicionada: ¡Casarse y tener una familia! ¡Un esposo que me mantenga! ¡Tener hijos que cuando crezcan vean por mí! Estamos tratando aquí con emociones e ideas muy delicadas que vienen casi de manera intuitiva y provocan matrimonios trágicos. ¿Pero no son todas estas intenciones puramente egoístas? Que me acompañen, que me cuiden, que me sostengan económicamente, que vean por mí. Todo es yo, yo y al final yo.


Lo anterior es triste; pero lamentablemente sucede. El matrimonio debe, pues, basarse en el servicio mutuo, nunca desproporcionado hacia una sola parte. En la medida que un matrimonio ponga su fundamento en el servicio y en el AMOR DESINTERESADO podrá ser efectivo para enfrentar las presiones que impone esta vida. Mujeres independientes, pero participativas en los proyectos del esposo; hombres que organicen y manden, pero serviciales y colaborando con las actividades de la casa. Cuando existe el perfil anterior en hombres y mujeres el matrimonio, lejos de ser una pesada carga que obligatoriamente tenemos que llevar, se vuelve una vida plagada de satisfacciones mutuas y provee estabilidad emocional para todos los miembros esa la familia, permitiendo que en los momentos más álgidos y ásperos de una relación matrimonial no se desborone lo que ha costado años de trabajo arduo.

Entonces ¿casarse nos es recomendable? ¡Claro que sí! Lo que decimos es que se analicen muy bien las intenciones que nos motivan hacerlo y esperar una edad en donde contemos con la madurez suficiente para sobrellevar las dificultades que implica una relación matrimonial. Hasta la próxima. Conferencista y Orientador Familiar. Consultas Celular 311 136 89 86.